Evangelio del Día
La Palabra de Dios, cada día

Sábado 21 de noviembre de 2026

Sábado de la XXXIII semana del Tiempo ordinario

«Como los saduceos niegan la resurrección de los muertos, le preguntaron…»

ORACIÓN PREPARATORIA

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro.

¡Venga tu Reino!

LECTURAS DE HOY

Primera Lectura

Apocalipsis 11, 4-12

Yo, Juan, oí que me decían: “Aquí están mis dos testigos. Son los dos olivos y los dos candelabros, que están ante el Señor de la tierra. Si alguno quiere hacerles daño, su boca echará fuego que devorará a sus enemigos; así, el que intente hacerles daño, morirá sin remedio. Ellos tienen poder de cerrar el cielo para que no llueva mientras dure su misión profética; tienen poder para convertir el agua en sangre y para castigar la tierra con toda clase de plagas, cuantas veces quieran. Pero, cuando hayan terminado su misión, la bestia que sube del mar les hará la guerra, los vencerá y los matará. Sus cadáveres quedarán tendidos en la plaza de la gran ciudad, donde fue crucificado su Señor, y que simbólicamente se llama Sodoma o Egipto. Durante tres días y medio, gentes de todos los pueblos y razas, de todas las lenguas y naciones contemplarán sus cadáveres, pues no permitirán que los sepulten. Los habitantes de la tierra se alegrarán y regocijarán por su muerte y se enviarán regalos los unos a los otros, porque estos dos profetas habían sido el azote de ellos. Pero después de los tres días y medio, un espíritu de vida, enviado por Dios, entrará en ellos: se pondrán de pie y todos los que los estén viendo se llenarán de espanto. Oirán entonces una potente voz, que les dirá desde el cielo: ‘Suban acá’. Y subirán al cielo en una nube, a la vista de sus enemigos”.

Palabra de Dios.

Te alabamos Señor.

Salmo Responsorial

Salmo 143, 1. 2. 9-10

R/. (1a) Bendito sea el Señor, mi fortaleza

Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, Aleluya.

Jesucristo, nuestro salvador, ha vencido la muerte

R. Aleluya.

EVANGELIO DEL DÍA

† Del santo Evangelio según Lucas 20, 27-40

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús algunos saduceos. Como los saduceos niegan la resurrección de los muertos, le preguntaron: “Maestro, Moisés nos dejó escrito que si alguno tiene un hermano casado que muere sin haber tenido hijos, se case con la viuda para dar descendencia a su hermano. Hubo una vez siete hermanos, el mayor de los cuales se casó y murió sin dejar hijos. El segundo, el tercero y los demás, hasta el séptimo, tomaron por esposa a la viuda y todos murieron sin dejar sucesión. Por fin murió también la viuda. Ahora bien, cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será esposa la mujer, pues los siete estuvieron casados con ella?” Jesús les dijo: “En esta vida, hombres y mujeres se casan, pero en la vida futura, los que sean juzgados dignos de ella y de la resurrección de los muertos, no se casarán ni podrán ya morir, porque serán como los ángeles e hijos de Dios, pues él los habrá resucitado. Y que los muertos resucitan, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven’’. Entonces, unos escribas le dijeron: “Maestro, has hablado bien”. Y a partir de ese momento ya no se atrevieron a preguntarle nada.

Palabra del Señor

Gloria a ti, Señor Jesús

REFLEXIONES DEL EVANGELIO

«Si resucito en un cuerpo aéreo, ya no seré yo quien resucite: ¿cómo podría haber una verdadera resurrección, si mi carne no fuera una verdadera carne?» (San Gregorio Magno)
«Ya en esta tierra, en la oración, en los Sacramentos, en la fraternidad, encontramos a Jesús y su amor, y así podemos pregustar algo de la vida resucitada» (Francisco)
«¿Qué es resucitar? (…). Dios en su omnipotencia dará definitivamente a nuestros cuerpos la vida incorruptible uniéndolos a nuestras almas, por la virtud de la Resurrección de Jesús» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 997)

PROPÓSITO DEL DÍA

Crear espacios de oración que renueven nuestra fe.

DESPEDIDA

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Dios te bendiga.