Domingo 26 de julio de 2026
«Domingo 17 del Tiempo Ordinario»
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Primera Lectura
Lectura del primer libro de los Reyes (3, 5-13)
En aquellos días, el Señor se le apareció al rey Salomón en sueños y le dijo: “Salomón, pídeme lo que quieras, y yo te lo daré”. Salomón le respondió: “Señor, tú trataste con misericordia a tu siervo David, mi padre, porque se portó contigo con lealtad, con justicia y rectitud de corazón. Más aún, también ahora lo sigues tratando con misericordia, porque has hecho que un hijo suyo lo suceda en el trono. Sí, tú quisiste, Señor y Dios mío, que yo, tu siervo, sucediera en el trono a mi padre, David. Pero yo no soy más que un muchacho y no sé cómo actuar. Soy tu siervo y me encuentro perdido en medio de este pueblo tuyo, tan numeroso, que es imposible contarlo. Por eso te pido que me concedas sabiduría de corazón, para que sepa gobernar a tu pueblo y distinguir entre el bien y el mal. Pues sin ella, ¿quién será capaz de gobernar a este pueblo tuyo tan grande?” Al Señor le agradó que Salomón le hubiera pedido sabiduría y le dijo: “Por haberme pedido esto, y no una larga vida, ni riquezas, ni la muerte de tus enemigos, sino sabiduría para gobernar, yo te concedo lo que me has pedido. Te doy un corazón sabio y prudente, como no lo ha habido antes, ni lo habrá después de ti. Te voy a conceder, además, lo que no me has pedido: tanta gloria y riqueza, que no habrá rey que se pueda comparar contigo”.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Salmo Responsorial
Salmo 118
R/. Yo amo, Señor, tus mandamientos.
Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los romanos (8, 28-30)
Hermanos: Ya sabemos que todo contribuye para bien de los que aman a Dios, de aquellos que han sido llamados por él, según su designio salvador. En efecto, a quienes conoce de antemano, los predestina para que reproduzcan en sí mismos la imagen de su propio Hijo, a fin de que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A quienes predestina, los llama; a quienes llama, los justifica; y a quienes justifica, los glorifica.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, Aleluya.
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla.
R. Aleluya.
† Del santo Evangelio según san Mateo (13, 44-52)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo. El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra. También se parece el Reino de los cielos a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación. ¿Han entendido todo esto?” Ellos le contestaron: “Sí”. Entonces él les dijo: “Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas”.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús
¿Entendéis bien estas parábolas?
Seguimos y concluimos hoy el capítulo que Mateo dedica a las parábolas de Jesús, con las que nos transmite un mensaje religioso, los rasgos del Reino que él quiere establecer en este mundo: "el Reino de los cielos se parece a...". Esta vez son la del tesoro escondido en el campo y otra gemela, la de la perla preciosa descubierta en medio de otras. La tercera, que, a su vez, es gemela de la de la cizaña del domingo pasado, es la de la red que recoge peces buenos y malos. Al acabar de proponer estas parábolas, Jesús hace una pregunta: ¿entendéis bien todo esto? Los discípulos contestan que sí. Uno duda hasta cierto punto que aquellos buenos discípulos entendieran del todo lo que Jesús les quería enseñar, por el modo como siguieron reaccionando ante diversas enseñanzas y acontecimientos. Ojalá podamos nosotros responder en verdad que sí, que entendemos estas parábolas, ayudados por la explicación que de las más importantes nos hace el mismo Jesús, por los acontecimientos pascuales -después de Pascua y Pentecostés se entienden mejor todas las cosas que había dicho Jesús- y por la comprensión eclesial acumulada de siglos. 1 Reyes 3, 5.7-12. Pediste discernimiento El rey Salomón, que ha pasado a la historia, entre otras cosas, por la fama de su sabiduría, ante la oferta de Dios -"pídeme lo que quieras"- pide el don de la sabiduría: "un corazón dócil para gobernar, para discernir". A Dios le gustó que el joven rey pidiera, no riquezas y poder y victorias contra los enemigos y vida larga, sino "discernimiento", y se lo concedió, a la vez que también le regaló muchas más cosas que él no había pedido y que hicieron de él uno de los reyes más poderosos de su tiempo. Por eso, el salmo es la oración de un creyente que también aprecia la sabiduría de Dios más que ningún otro bien: "más estimo yo los preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata". La primera lectura y el salmo nos adelantan la figura del verdadero Maestro y Sabio, Cristo Jesús, que a su vez enseñará a sus discípulos dónde está la verdadera sabiduría, al discernir los verdaderos valores. Romanos 8, 28-30. Nos predestinó a ser imagen de su Hijo Pablo anuncia con alegría cuál es el plan salvador de Dios, en el que estamos sumergidos por el Bautismo. Desde toda la eternidad, Dios nos ha predestinado a ser sus hijos, hermanos de nuestro Hermano mayor, el Hijo de Dios: "nos predestinó a ser imagen de su Hijo". Ese es el proyecto de Dios sobre nosotros, centrado en Cristo Jesús. Por eso nos ha llamado, nos ha hechos justos y nos ha destinado a la gloria. Mateo 13, 44-52. Vende todo lo que tiene y compra el campo También estas últimas parábolas de Jesús -que actúa como "un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo"- están tomadas de la vida cotidiana de la gente de su época y alaban la sabiduría que supone hacerse con el tesoro o con la perla y saber distinguir los peces buenos y los malos. El que intuye que en un campo hay enterrado un tesoro, hace muy bien en comprar ese campo, aunque le cueste todo el dinero que tiene. Como hace bien el que ha descubierto, entre otras, una perla que adivina que vale mucho, y la compra. La parábola de la red del pescador es parecida a la de la cizaña, que leíamos el domingo pasado: también aquí se dice que hay que esperar hasta el final para separar lo bueno de lo malo.
Escuchar con atención y amor las palabras, historias y silencios de los abuelos.
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Dios te bendiga.