Domingo de la XVIII semana del Tiempo ordinario

Domingo 2 de agosto de 2026

«Comieron todos hasta saciarse»

ORACIÓN PREPARATORIA

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro.

¡Venga tu Reino!

LECTURAS DE HOY

Primera Lectura

Lectura del libro del profeta Isaías (55, 1-3)

Esto dice el Señor: “Todos ustedes, los que tienen sed, vengan por agua; y los que no tienen dinero, vengan, tomen trigo y coman; tomen vino y leche sin pagar. ¿Por qué gastar el dinero en lo que no es pan y el salario, en lo que no alimenta? Escúchenme atentos y comerán bien, saborearán platillos sustanciosos. Préstenme atención, vengan a mí, escúchenme y vivirán. Sellaré con ustedes una alianza perpetua, cumpliré las promesas que hice a David”.

Palabra de Dios.

Te alabamos Señor.

Salmo Responsorial

Salmo 144

R/. Abres, Señor, tu mano y nos sacias de favores.

Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los romanos (8, 35. 37-39)

Hermanos: ¿Qué cosa podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo? ¿Las tribulaciones? ¿Las angustias? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada? Ciertamente de todo esto salimos más que victoriosos, gracias a aquel que nos ha amado; pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni el presente ni el futuro, ni los poderes de este mundo, ni lo alto ni lo bajo, ni creatura alguna podrá apartarnos del amor que nos ha manifestado Dios en Cristo Jesús.

Palabra de Dios.

Te alabamos Señor.

Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, Aleluya.

No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios.

R. Aleluya.

EVANGELIO DEL DÍA

† Del santo Evangelio según san Mateo (14, 13-21)

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar apartado y solitario. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Cuando Jesús desembarcó, vio aquella muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como ya se hacía tarde, se acercaron sus discípulos a decirle: “Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer”. Pero Jesús les replicó: “No hace falta que vayan. Denles ustedes de comer”. Ellos le contestaron: “No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados”. El les dijo: “Tráiganmelos”. Luego mandó que la gente se sentara sobre el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que habían sobrado, se llenaron doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.

Palabra del Señor

Gloria a ti, Señor Jesús

REFLEXIONES DEL EVANGELIO

Hoy el evangelio, y la primera lectura que lo prepara, junto con el salmo, describen los dones de Dios bajo la metáfora de la comida y la bebida. El profeta promete, de parte de Dios, bebida y comida que sacian de veras. Luego, Jesús, compadecido de la multitud, le da de comer, multiplicando los panes y los peces. Todos entendemos que la humanidad tiene hambre y sed no sólo de pan y de agua, sino que existen también otras clases de sed y hambre, de valores más profundos y espirituales. Hoy se nos asegura que Dios nos ofrece el alimento verdadero. Isaías 55,1-3. Venid y comed La segunda parte del libro de Isaías, el llamado "libro de la consolación", termina animando al pueblo con palabras de esperanza respecto al futuro, la vuelta del destierro. Entre las numerosas imágenes que utiliza, hoy leemos la de la comida y la bebida. Los sedientos tendrán agua y vino y leche gratis. Los hambrientos están invitados por Dios a platos sustanciosos, de los que sacian, de los que alimentan de veras. Lo que tienen que hacer los creyentes es "oír, acudir, venir, escuchar, hacer alianza con Dios". El salmo también sigue con el mismo símil: "abres tú la mano, Señor, y nos sacias de favores". Con el "retrato" de la bondad de Dios que hemos cantado ya varias veces en los últimos domingos -y no deberíamos cansarnos nunca de repetir- se sigue afirmando que Dios es "clemente y misericordioso, bueno con todos...". En una de las estrofas escogidas para este salmo meditativo alabamos a Dios: "tú les das la comida a su tiempo y sacias de favores a todo viviente". Romanos 8, 35.37-39. Ninguna criatura podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Es breve el pasaje de Pablo, y contiene una exclamación gozosa, a modo de himno entusiasta y convencido: "¿quién podrá apartarnos del amor de Cristo?". Pablo enumera valientemente los obstáculos que pudiéramos tener para hacer peligrar ese amor de Cristo. Ni los elementos interiores como la aflicción o la angustia, ni los exteriores como las persecuciones o los peligros, ni siquiera elementos sobrenaturales, como los ángeles o los principados, ni el presente ni el futuro: nada podrá separarnos de ese amor. Mateo 14,13-21. Comieron todos hasta quedar satisfechos Jesús quiere retirarse con los suyos a un lugar tranquilo, pero la gente le sigue y él, una vez más, se compadece de tantas personas que buscan el sentido de la vida (en otra ocasión dijo que los veía "como ovejas sin pastor"). Están en el desierto. Les atiende, cura a los enfermos y luego da de comer a la gente multiplicando los panes y los peces que le presentan (la comida habitual para los galileos). Es un episodio lleno de simbolismo, en el que seguramente los evangelios ven el paralelo y el cumplimiento perfecto de los milagros parecidos de Moisés o de Elíseo en el AT. La multiplicación de los panes 'es un milagro al que los evangelios le dan mucha importancia: nada menos que seis veces aparece su descripción. De ellas, dos en Mateo, de las que leemos la primera. Probablemente se trata de dos episodios distintos. El número de cinco mil seguramente es un número no estadístico sino simbólico, aunque no sepamos exactamente en qué clave habría que interpretarlo.

PROPÓSITO DEL DÍA

Compartir con generosidad lo que tengo. Porque un pequeño gesto de amor puede transformar el día de alguien.

DESPEDIDA

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Dios te bendiga.