Lectio Divina

Llamados a la Misericordia de Dios

Sábado 21 de febrero de 2026

«No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores para que se conviertan.»

Sábado del Tiempo de Cuaresma · san Lucas 5, 27-32

Lectio (lectura)

Hermanos y hermanas en Cristo, en este Sábado de Cuaresma, la Palabra de Dios nos presenta un encuentro transformador. El evangelista Lucas nos relata cómo Jesús, al pasar, ve a Leví, un publicano, sentado en su puesto de recaudador de impuestos. Los publicanos eran mal vistos por la sociedad judía, considerados pecadores y traidores por colaborar con el poder romano. Sin embargo, Jesús lo mira con amor y le dice: 'Sígueme' (Lucas 5, 27). Este llamado es inmediato y radical: Leví lo deja todo, se levanta y lo sigue. Su respuesta nos muestra una fe y una confianza profunda en la persona de Jesús. Después de este llamado, Leví, en su alegría, ofrece un gran banquete en su casa para Jesús, invitando a muchos publicanos y otras personas de mala reputación. Los fariseos y los maestros de la Ley, al ver a Jesús comer con pecadores, murmuran y preguntan a sus discípulos: '¿Por qué comen y beben ustedes con publicanos y pecadores?' (Lucas 5, 30). La respuesta de Jesús es clara y contundente, revelando el corazón de su misión: 'No son los sanos los que necesitan médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores para que se conviertan' (Lucas 5, 31-32). Con estas palabras, el Señor nos manifiesta su infinita misericordia y su propósito redentor.

Meditatio (meditación)

Queridos hermanos, la escena que hoy nos presenta el Evangelio nos interpela profundamente. ¿Cómo reaccionamos ante la llamada de Jesús en nuestras vidas? ¿Estamos dispuestos, como Leví, a dejar aquello que nos ata, aquello que quizás nos aleja de Dios o de los demás, para seguirle con prontitud? A menudo, nos aferramos a nuestras comodidades, a nuestras seguridades, o incluso a nuestras propias ideas de justicia, impidiendo que la gracia de Dios actúe plenamente en nosotros. La actitud de Jesús de sentarse a la mesa con publicanos y pecadores es un signo elocuente de su amor incondicional. Él no espera que seamos perfectos para acercarse a nosotros; al contrario, es precisamente nuestra fragilidad y nuestra necesidad de conversión lo que lo atrae. Hoy, el Señor nos recuerda que Él es el Médico divino que viene a curar nuestras heridas, a sanar nuestras enfermedades espirituales. Nos invita a reconocer nuestra condición de pecadores necesitados de su misericordia, a no juzgar a los demás, y a abrir nuestro corazón a su amor que transforma y perdona.

Oratio (oración)

Señor Jesús, Médico de nuestras almas, te damos gracias por tu infinita misericordia. Reconocemos humildemente que somos pecadores y que necesitamos de tu gracia para convertirnos cada día. Te pedimos que nos des la docilidad de Leví para responder prontamente a tu llamado. Ayúdanos a no juzgar a nuestros hermanos, sino a ver en cada persona a un hijo amado por Ti. Que tu Espíritu Santo nos impulse a llevar tu amor y tu perdón a aquellos que más lo necesitan, a ser instrumentos de tu paz y de tu reconciliación en el mundo. Amén.

Contemplatio (contemplación)

Ahora, en silencio, descansa en la presencia del Señor. Permite que la frase 'No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores para que se conviertan' resuene en tu corazón. Siente el amor incondicional de Jesús que te busca, te llama y te ofrece su perdón y su sanación.

Actio (compromiso)

Hoy, me comprometo a reconocer humildemente mi necesidad de la misericordia de Dios y a buscar un momento para pedir perdón por mis faltas. Además, intentaré acercarme con compasión a alguien a quien quizás he juzgado, ofreciéndole una palabra amable o un gesto de acogida.

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