Lectio Divina
Jueves 26 de febrero de 2026
«Todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre.»
Hermanos en el Señor, en este Jueves de la primera semana de Cuaresma, la Palabra de Dios nos invita a una profunda reflexión sobre nuestra relación con Él. El Evangelio de san Mateo (7, 7-12) nos presenta las palabras de Jesús que nos animan a una oración confiada y perseverante. El Señor nos dice: "Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre" (Mateo 7, 7-8). Este pasaje no es una simple promesa de obtener todo lo que deseamos, sino una invitación a entrar en el corazón de Dios con la confianza de un hijo. Jesús utiliza la comparación con un padre terrenal: "¿Quién de ustedes, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una culebra? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre del Cielo dará cosas buenas a los que se las pidan!" (Mateo 7, 9-11). Concluye este fragmento con la 'Regla de Oro': "Así, pues, todo lo que quieran que los hombres hagan con ustedes, háganlo también ustedes con ellos: ésta es la Ley y los Profetas" (Mateo 7, 12).
Queridos hermanos, las palabras de Jesús en este Evangelio nos interpelan sobre la calidad de nuestra oración y nuestra fe. ¿Con qué confianza nos acercamos a Dios? A menudo, nuestras peticiones están llenas de dudas, o esperamos que Dios actúe según nuestros propios planes. Sin embargo, el Señor nos llama a una confianza radical, a la certeza de que Él, como Padre bueno, siempre nos dará lo que es verdaderamente bueno para nosotros, aunque no siempre sea lo que esperamos. Esta invitación a "pedir, buscar, llamar" es también un llamado a la perseverancia en la oración y en la búsqueda de Dios en nuestra vida diaria. No se trata de una oración mágica, sino de un diálogo constante y sincero con quien nos ama infinitamente. La 'Regla de Oro' que sigue a estas enseñanzas sobre la oración nos recuerda que nuestra relación con Dios se manifiesta también en nuestra relación con el prójimo. Al actuar con amor y justicia hacia los demás, reflejamos el amor del Padre que nos da "cosas buenas" y nos abrimos más plenamente a su gracia.
Señor Jesús, te damos gracias por tu Palabra que hoy nos renueva la invitación a la oración confiada. Ayúdanos, Padre, a pedir con fe, a buscarte incansablemente en nuestra vida y a llamar a la puerta de tu corazón con la certeza de que siempre nos abrirás. Concédenos la gracia de discernir tu voluntad y de aceptar con humildad lo que es bueno para nuestra salvación. Que nuestra vida, inspirada por tu amor, sea un reflejo de tu bondad hacia nuestros hermanos.
Ahora, en silencio, detengámonos ante la presencia amorosa de Dios. Dejemos que estas palabras "Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se les abrirá" resuenen en nuestro interior. Descansamos en la certeza de que el Padre nos escucha y nos ama.
Hoy me comprometo a dedicar un momento específico para la oración de petición, presentando mis necesidades a Dios con confianza y agradecimiento, y a la vez, me esforzaré por tratar a una persona de mi entorno con la misma bondad y consideración que desearía recibir.
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