Lectio Divina
Viernes 27 de febrero de 2026
«Si tu justicia no es más perfecta que la de los fariseos, no entrarás en el Reino de los Cielos.»
Nos encontramos en el Evangelio de San Mateo, en el corazón del Sermón de la Montaña, donde Jesús profundiza en el sentido de la Ley. Hoy, el Señor nos interpela con una afirmación contundente: 'Yo les declaro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los fariseos y maestros de la Ley, no entrarán en el Reino de los Cielos' (Mateo 5, 20). Jesús no viene a abolir la Ley, sino a darle plenitud, a llevarla a su sentido más profundo, aquel que brota del amor y de la transformación interior. El pasaje continúa con ejemplos concretos que ilustran esta nueva justicia. Jesús no se queda en la mera observancia externa del precepto 'No matarás', sino que va a la raíz del problema: la ira, el insulto, el desprecio hacia el hermano (Mateo 5, 21-22). Nos invita a la reconciliación antes de presentar nuestra ofrenda, a buscar la paz con el prójimo con urgencia, antes de que sea demasiado tarde (Mateo 5, 23-26). La justicia que nos propone es una justicia del corazón, que busca la reconciliación y la comunión, y no se contenta con evitar el mal externo.
Este Evangelio nos invita a una profunda revisión de nuestra propia vida cristiana. ¿Cómo vivimos la justicia que Jesús nos pide? A menudo, podemos caer en la tentación de una religiosidad superficial, que se conforma con cumplir preceptos externos, como lo hacían los fariseos. Sin embargo, el Señor nos llama a ir más allá, a examinar las intenciones de nuestro corazón, a purificar nuestros sentimientos y actitudes hacia los demás. ¿Hay en mi corazón algún rencor, alguna ira no resuelta, alguna palabra dura que he dirigido o que guardo contra mi hermano? Jesús nos urge a la reconciliación, a buscar la paz antes de acercarnos al altar. Esta Cuaresma es una oportunidad preciosa para revisar nuestras relaciones, para sanar heridas y para perdonar, para que nuestra ofrenda sea verdaderamente agradable a Dios. La justicia que Dios espera de nosotros es la del amor que se traduce en gestos concretos de perdón y de búsqueda de la comunión.
Señor Jesús, concédenos la gracia de comprender y vivir la justicia que brota de tu corazón. Ayúdanos a ir más allá de las apariencias, a examinar nuestras intenciones y a purificar nuestros sentimientos. Te pedimos perdón por las veces que hemos permitido que la ira o el rencor aniden en nuestro interior. Danos la fuerza para buscar la reconciliación con nuestros hermanos, para que nuestra vida sea una ofrenda viva y agradable a ti, y así podamos entrar en tu Reino. Amén.
Permanece en silencio, en la presencia de Dios. Deja que la Palabra resuene en tu interior. Contempla la misericordia de Jesús que te invita a la reconciliación y a una justicia más profunda, la de un corazón transformado por su amor.
Hoy, buscaré activamente la reconciliación con alguien con quien tenga alguna dificultad, o al menos rezaré por esa persona y pediré a Dios un corazón más compasivo hacia ella.
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