Lectio Divina
Viernes 13 de marzo de 2026
«No hay mandamiento más importante que estos.»
Nos encontramos hoy con un pasaje del Evangelio de San Marcos que nos presenta un diálogo fundamental. Un maestro de la Ley se acerca a Jesús y le pregunta cuál es el primero de todos los mandamientos. Esta pregunta, que buscaba discernir la esencia de la Ley mosaica, era común en la época de Jesús y reflejaba una inquietud sincera por la voluntad de Dios. Jesús responde citando el Shemá Israel, una de las oraciones más importantes del judaísmo, que encontramos en Deuteronomio 6, 4-5: "Escucha, Israel: el Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas." (Marcos 12, 29-30). Inmediatamente, añade un segundo mandamiento, también de la Ley (Levítico 19, 18): "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." (Marcos 12, 31). El escriba reconoce la sabiduría de esta respuesta y Jesús le asegura que no está lejos del Reino de Dios.
Este encuentro nos invita a reflexionar sobre la centralidad del amor en nuestra vida cristiana. Jesús no solo responde a la pregunta del escriba, sino que nos revela la esencia de la Alianza con Dios y con nuestros hermanos. No se trata de cumplir una serie de preceptos de manera aislada, sino de integrar toda nuestra existencia en el doble mandamiento del amor. ¿Cómo vivimos este amor en nuestro día a día? Amar a Dios con todo nuestro ser implica una entrega total, una confianza plena, una búsqueda constante de su voluntad. Y este amor a Dios se hace visible y concreto en el amor al prójimo, especialmente a aquellos que más lo necesitan. La Cuaresma es un tiempo propicio para examinar si nuestro corazón está verdaderamente unido a Dios y si nuestras acciones reflejan un amor auténtico hacia los demás, superando egoísmos y prejuicios.
Señor Jesús, tú que nos enseñaste que el amor es el mandamiento principal, concédenos la gracia de amarte con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas. Ayúdanos a ver tu rostro en cada hermano y a amarlos como a nosotros mismos, para que nuestro testimonio sea fiel a tu Evangelio.
Permanece en silencio, en la presencia de Dios. Deja que la Palabra resuene en tu interior: "Amarás al Señor tu Dios... Amarás a tu prójimo como a ti mismo." Descansa en este amor que lo abarca todo.
Hoy me esforzaré por realizar un acto concreto de servicio o caridad hacia alguien que encuentre en mi camino, reconociendo en él a Cristo mismo.
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