«Jesús le dijo: 'Levántate, toma tu camilla y anda'.»
Martes 17 de marzo de 2026 · Martes de la IV semana del Tiempo de Cuaresma · san Juan 5, 1-16
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Lectio
Lectura — ¿Qué dice el texto?
Nos encontramos hoy, hermanos, con un pasaje del Evangelio de san Juan que nos presenta a Jesús en Jerusalén, junto a la piscina de Betesda, que significa 'Casa de la Misericordia'. En este lugar, muchos enfermos, ciegos, cojos y paralíticos esperaban la agitación del agua, creyendo que el primero en entrar después de este movimiento sanaría. Es un ambiente de sufrimiento y de esperanza, donde la enfermedad y la espera se entrelazan.
Jesús se acerca a un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo, una vida entera de postración. Le pregunta: "¿Quieres sanar?" (Juan 5, 6). Esta pregunta no es retórica; es una invitación a la libertad, a salir de la resignación. El hombre, en lugar de responder directamente, expone su imposibilidad: "Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando el agua se agita" (Juan 5, 7). Jesús, con autoridad divina, le dice: "Levántate, toma tu camilla y anda" (Juan 5, 8). Y al instante, el hombre queda sano. Este milagro, sin embargo, ocurre en sábado, lo que provoca la controversia con las autoridades judías, quienes recriminan al hombre por llevar su camilla en día de reposo.
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Meditatio
Meditación — ¿Qué me dice Dios a mí?
Este Evangelio nos invita a reflexionar sobre nuestra propia vida. ¿Cuántas veces nos encontramos, como el paralítico, postrados por alguna enfermedad del alma, por el pecado, por la tristeza o por la falta de esperanza? Quizás llevamos mucho tiempo en esta situación, y nos hemos acostumbrado a ella, o incluso, como el hombre de Betesda, hemos perdido la fe en que alguien pueda ayudarnos. La pregunta de Jesús, "¿Quieres sanar?", resuena hoy en nuestro corazón. Es una llamada a la libertad, a desear ardientemente ser liberados de aquello que nos ata y nos impide caminar plenamente en la vida de la gracia.
El Señor no espera que tengamos todas las respuestas o que seamos capaces de salir por nosotros mismos de nuestra postración. Él nos ve en nuestra fragilidad y, con su infinita misericordia, se acerca a nosotros. Su palabra es eficaz: "Levántate, toma tu camilla y anda". Nos invita a dejar atrás lo que nos inmoviliza, a cargar con aquello que antes nos oprimía y transformarlo en un signo de su poder sanador. En esta Cuaresma, el Señor nos ofrece la oportunidad de levantarnos, de confesar nuestras debilidades y de experimentar su perdón y su amor que nos renuevan.
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Oratio
Oración — ¿Qué le digo yo a Dios?
Señor Jesús, "Casa de la Misericordia", te doy gracias porque te acercas a mi debilidad, a mis años de postración, a aquello que me impide caminar con libertad. Tú conoces mi corazón y sabes lo que anhelo. Dame la gracia de desear ardientemente la sanación que solo Tú puedes dar. Que tu voz resuene en mí: "Levántate, toma tu camilla y anda", y que tu palabra me dé la fuerza para dejar atrás todo lo que me encadena. Ayúdame a no poner excusas, sino a confiar plenamente en tu poder sanador y en tu amor infinito. Te pido que, como el paralítico, pueda levantarme y dar testimonio de tu obra en mi vida.
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Contemplatio
Contemplación — Descansar en su presencia
Permanece en silencio, en la presencia del Señor. Deja que su voz, "Levántate, toma tu camilla y anda", penetre en lo más profundo de tu ser. Descansa en su mirada de misericordia, que te invita a la libertad y a la vida plena.
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Actio
Acción — Mi compromiso de hoy
Hoy, identificaré una "camilla" en mi vida (un hábito, un resentimiento, una preocupación) que me impide avanzar espiritualmente y haré un esfuerzo concreto para dejarla atrás, confiando en la ayuda de Dios.
✨ Esta guía fue elaborada con ayuda de inteligencia artificial (Lectio Divina Beta) a partir de las lecturas del día. Tómala como apoyo para tu oración personal.