Lectio Divina

Jesús: Profeta, Cristo y Juez

Sábado 21 de marzo de 2026

«Algunos decían: 'Este es verdaderamente el Profeta'. Otros afirmaban: 'Éste es el Cristo'.»

Sábado de la IV semana del Tiempo de Cuaresma · san Juan 7, 40-53

Lectio (lectura)

Nos encontramos en el evangelio de San Juan, en el contexto de la fiesta de los Tabernáculos en Jerusalén. Jesús ha estado enseñando abiertamente, provocando diversas reacciones entre la gente. El pasaje de hoy (Juan 7, 40-53) nos muestra la división que su persona y sus palabras generan. Algunos reconocen en Él al Profeta esperado, quizás aludido por Moisés (Deuteronomio 18, 15). Otros van más allá y lo identifican como el Cristo, el Mesías prometido. Sin embargo, no todos están de acuerdo, pues la Escritura señalaba que el Cristo vendría de Belén y de la estirpe de David, no de Galilea. Esta discusión llega hasta los guardias enviados para arrestarlo, quienes regresan con las manos vacías, impresionados por su enseñanza. Los fariseos y los sumos sacerdotes, llenos de ira y desprecio, acusan a la gente de ignorancia y de estar engañada. Nicodemo, quien ya había visitado a Jesús de noche (Juan 3, 1-21), interviene con prudencia, recordando que la Ley no condena a nadie sin haberlo escuchado primero y averiguado lo que hizo. Su intervención, aunque razonable, es rechazada con sarcasmo por los demás, quienes le recuerdan el origen galileo de Jesús. La sesión termina con cada uno volviendo a su casa, pero la tensión en torno a Jesús permanece.

Meditatio (meditación)

Este pasaje nos invita a reflexionar sobre nuestra propia percepción de Jesús. ¿Lo reconocemos como el Profeta que nos habla la Palabra de Dios, o como el Cristo, el Ungido de Dios, el Salvador? La división que Jesús provoca no es ajena a nuestro tiempo. También hoy, en la Iglesia y en el mundo, su figura sigue siendo un signo de contradicción. ¿Estamos dispuestos a escuchar su voz, incluso cuando nos interpela o nos saca de nuestras comodidades? La actitud de los fariseos nos advierte sobre el peligro de la cerrazón y el prejuicio. Ellos se aferraban a sus interpretaciones de la Ley, impidiéndoles reconocer la novedad de Dios que se manifestaba en Jesús. A veces, nuestras propias ideas preconcebidas o nuestros miedos pueden impedirnos abrirnos plenamente al Espíritu Santo y a la verdad que Dios nos revela. Como Nicodemo, se nos llama a la prudencia y a la justicia, a no juzgar precipitadamente, sino a buscar la verdad con un corazón abierto y dispuesto a escuchar.

Oratio (oración)

Señor Jesús, te damos gracias por tu Palabra que nos ilumina y nos interpela. Te pedimos, Señor, que nos concedas un corazón dócil para reconocer tu voz en medio de las voces del mundo. Ayúdanos a superar nuestros prejuicios y a no juzgar a los demás, sino a buscar siempre la verdad con amor y humildad. Que tu Espíritu Santo nos guíe para que, como Nicodemo, seamos capaces de defender la justicia y la verdad, aun en ambientes hostiles. Amén.

Contemplatio (contemplación)

Permanece en silencio, en la presencia de Dios. Deja que la Palabra resuene en tu corazón. Contempla a Jesús, el Profeta y el Cristo, que sigue hablando y actuando en el mundo. Descansa en su amor.

Actio (compromiso)

Hoy, me esforzaré por escuchar con atención a las personas, especialmente a aquellas con quienes no estoy de acuerdo, buscando comprender su punto de vista antes de emitir un juicio.

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