Lectio Divina
Martes 24 de marzo de 2026
«Cuando hayan levantado al Hijo del Hombre, entonces sabrán que Yo soy.»
Hermanos y hermanas, la Palabra de Dios hoy nos presenta a Jesús en un diálogo con los fariseos, cargado de tensión y misterio. Jesús les advierte que Él se va y que ellos no podrán ir donde Él va, y morirán en sus pecados si no creen que Él es. "Yo me voy, y ustedes me buscarán, pero morirán en su pecado. Donde yo voy, ustedes no pueden ir" (Juan 8, 21). Esta afirmación genera incomprensión y burla entre sus oyentes, quienes se preguntan si acaso se va a suicidar. Jesús, con paciencia, les explica la raíz de su incapacidad para entenderle: "Ustedes son de abajo, yo soy de arriba. Ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo" (Juan 8, 23). La clave de la salvación reside en la fe en Él, en su identidad divina: "Por eso les he dicho que morirán en sus pecados, si no creen que 'Yo soy'" (Juan 8, 24). Finalmente, les revela que su enseñanza proviene del Padre, y que cuando Él sea levantado, es decir, crucificado y glorificado, entonces comprenderán plenamente su identidad y la verdad de sus palabras. "Cuando hayan levantado al Hijo del Hombre, entonces sabrán que Yo soy, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado" (Juan 8, 28).
Queridos hermanos, este pasaje nos invita a reflexionar sobre nuestra propia fe. ¿Reconocemos a Jesús como el "Yo soy", el enviado del Padre, el que viene de arriba? En la Cuaresma, somos llamados a purificar nuestra mirada, a trascender lo meramente terrenal para elevarnos a lo espiritual, a lo divino. La incapacidad de los fariseos para comprender a Jesús radica en su apego a las categorías de este mundo, a sus propias ideas y prejuicios. ¿Nos sucede a nosotros lo mismo? ¿Nos cerramos a la verdad de Cristo por nuestras limitaciones humanas o por la comodidad de nuestras costumbres? Jesús nos dice que "cuando hayan levantado al Hijo del Hombre, entonces sabrán que Yo soy". Esta frase nos remite a la Cruz, al misterio de su pasión, muerte y resurrección. Es en el sacrificio de Cristo donde se revela plenamente su amor y su divinidad. Meditar en la Cruz no es solo recordar un hecho histórico, sino adentrarnos en el misterio de la salvación, comprender que por amor, Él se entregó por nosotros. ¿Estamos dispuestos a "levantar" a Cristo en nuestras vidas, a aceptarlo en su totalidad, incluso en su dimensión sacrificial, para que su luz disipe nuestras sombras y nos libre del pecado?
Señor Jesús, "Yo soy" el que viene de arriba, te damos gracias por tu Palabra que nos ilumina. Te pedimos perdón por las veces que, como los fariseos, no hemos sabido reconocerte, por nuestra ceguera espiritual y nuestro apego a las cosas de este mundo. Ayúdanos, Señor, a levantar la mirada hacia ti, a contemplar tu Cruz como fuente de vida y de verdad. Que al meditar en tu entrega, podamos creer firmemente que Tú eres el Hijo de Dios, el Salvador del mundo. Concédenos la gracia de vivir según tu voluntad, para que podamos ir contigo a donde Tú vas.
Ahora, en silencio, permitamos que la Palabra de Jesús resuene en lo más profundo de nuestro ser. Descansamos en su presencia, sintiendo su amor y su llamado a la fe. Dejemos que su "Yo soy" impregne nuestra alma, confiando plenamente en Él.
Hoy, me comprometo a dedicar un momento para contemplar un crucifijo, recordando que en la Cruz se revela plenamente la identidad de Jesús como el "Yo soy", y a pedirle que me ayude a vivir con una fe más profunda en Él.
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