Lectio Divina
Jueves 26 de marzo de 2026
«Si alguno guarda mi palabra, no probará la muerte jamás.»
Nos encontramos en el Evangelio de San Juan, en un momento de intensa confrontación entre Jesús y los judíos, quienes no logran comprender su identidad divina. Jesús les asegura: "En verdad les digo: si alguno guarda mi palabra, no probará la muerte jamás" (Juan 8, 51). Esta afirmación, lejos de ser una simple promesa, revela la profunda conexión entre su palabra y la vida eterna, una vida que trasciende la mera existencia terrenal. La incomprensión de sus oyentes es evidente, pues lo acusan de estar poseído y de pretender ser más grande que Abraham. Jesús, sin embargo, insiste en su relación íntima con el Padre: "Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria no vale nada. Es mi Padre quien me glorifica, el mismo que ustedes dicen que es su Dios" (Juan 8, 54). Él es la manifestación del Dios de Abraham, y su existencia pre data la de los patriarcas, como lo afirma con autoridad: "Antes de que Abraham existiera, Yo Soy" (Juan 8, 58). Esta última frase, cargada de significado, evoca el nombre divino revelado a Moisés en el Sinaí, sellando su divinidad y provocando la reacción violenta de quienes no lo aceptan.
Hoy, el Señor nos invita a reflexionar sobre el valor de su Palabra en nuestra propia vida. ¿Realmente guardamos su palabra, la atesoramos en nuestro corazón y la ponemos en práctica? Jesús nos promete que quien guarda su palabra no probará la muerte jamás. Esta "muerte" no es solo la física, sino también la espiritual, la que nos aleja de Dios y nos sumerge en el vacío del pecado. Guardar la palabra de Jesús significa vivir en comunión con Él, permitiendo que su enseñanza transforme nuestra existencia y nos guíe hacia la plenitud de la vida. La confrontación del Evangelio nos recuerda que la fe en Jesús implica una elección radical. ¿Estamos dispuestos a aceptar su divinidad, a reconocerlo como el "Yo Soy" que nos ofrece la vida eterna? A menudo, como aquellos judíos, podemos resistirnos a la verdad de Cristo por nuestras propias ideas preconcebidas o por el temor a lo que implica seguirlo. Que este pasaje nos impulse a una mayor confianza y abandono en la Palabra de Jesús, que es fuente de vida y de esperanza.
Señor Jesús, te damos gracias por tu Palabra que es vida y verdad. Ayúdanos a guardarla en nuestro corazón con fidelidad, para que no probemos la muerte espiritual y vivamos siempre en tu presencia. Ilumina nuestra mente para comprender tu divinidad y la grandeza de tu amor. Que tu Espíritu Santo nos fortalezca para seguirte sin reservas, confiando plenamente en tus promesas de vida eterna. Queremos ser tus discípulos, Señor, y glorificar tu nombre en todo lo que hacemos.
Permanece en silencio, en la presencia amorosa del Señor. Deja que la promesa de vida eterna resuene en tu interior. Descansa en la certeza de que su Palabra es un refugio seguro y una fuente inagotable de gracia.
Hoy me esforzaré por dedicar un momento específico a leer y meditar un pasaje del Evangelio, buscando aplicar concretamente una de las enseñanzas de Jesús en mi día a día.
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