Lectio Divina
Lunes 30 de marzo de 2026
«María tomó una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos.»
Nos encontramos en Betania, seis días antes de la Pascua, en casa de Lázaro, Marta y María. Jesús, a quien Lázaro debe la vida, es el invitado de honor. El evangelio de san Juan nos presenta una escena íntima y conmovedora: Marta sirve, Lázaro está a la mesa, y María, con un gesto de profunda devoción, unge los pies de Jesús con un perfume de nardo puro, muy costoso, y los seca con sus cabellos (Juan 12, 1-3). Este acto de amor y generosidad llena la casa con su fragancia. Es un preludio de la entrega total de Jesús en la cruz. Sin embargo, la escena es interrumpida por Judas Iscariote, quien objeta el derroche, sugiriendo que el perfume debería haberse vendido para ayudar a los pobres. El evangelista aclara que su preocupación no era por los necesitados, sino por su propio interés, ya que era ladrón y guardaba la bolsa del dinero (Juan 12, 4-6). Jesús defiende la acción de María, interpretándola como una preparación para su sepultura, y recuerda que a los pobres siempre los tendrán con ellos, pero a Él no siempre (Juan 12, 7-8). Este episodio revela la incomprensión de algunos ante el amor desinteresado y la proximidad de la Pasión del Señor.
Queridos hermanos, la unción de María en Betania nos invita a reflexionar sobre la naturaleza de nuestro propio amor hacia Jesús. ¿Soy capaz de entregarme a Él con la misma generosidad y sin cálculo, o mi amor está condicionado por mis propios intereses o por lo que considero 'práctico'? El gesto de María es una ofrenda total, un derroche de amor que no busca recompensa ni aprobación, sino que nace de la gratitud y la adoración. En este tiempo de Cuaresma, se nos llama a purificar nuestro corazón para amar más auténticamente, sin reservas, como María. La reacción de Judas, por otro lado, nos confronta con la tentación de juzgar los actos de fe y de caridad de los demás desde una perspectiva puramente humana o interesada. ¿Cuántas veces, quizá sin darnos cuenta, criticamos la devoción ajena o ponemos objeciones a la generosidad, escudándonos en argumentos que parecen razonables, pero que ocultan un corazón menos entregado? El Señor nos invita hoy a mirar con sus ojos, a reconocer el valor de cada acto de amor sincero y a no permitir que el egoísmo o la avaricia nublen nuestra visión de lo que verdaderamente agrada a Dios.
Señor Jesús, te damos gracias por el ejemplo de María de Betania, que nos enseña a amarte con un corazón generoso y sin medida. Ayúdanos a despojarnos de todo cálculo y a entregarte lo mejor de nosotros mismos, sin reservas. Que nuestro amor por Ti llene nuestra casa y nuestra vida con el buen olor de tu presencia. Te pedimos perdón por las veces que hemos sido mezquinos en nuestro amor o hemos juzgado la fe de nuestros hermanos. Abre nuestros ojos para que podamos ver y apreciar los gestos de amor auténtico que nacen de un corazón agradecido.
Ahora, en el silencio de tu corazón, descansa en la presencia de Jesús. Permite que la fragancia del amor de María te envuelva. Contempla su gesto y siente el amor de Dios que te invita a amar sin límites.
Hoy, realizaré un acto de generosidad desinteresada hacia alguien, sin esperar nada a cambio y sin que nadie lo sepa, ofreciéndolo como expresión de mi amor por Jesús.
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