Lectio Divina
Sábado 4 de abril de 2026
«"Ha resucitado, y va delante de ustedes a Galilea." (Mateo 28, 7)»
Nos encontramos en el Sábado Santo, un día de silencio y espera, pero que culmina con la luz de la Resurrección. El Evangelio de San Mateo (28, 1-10) nos presenta el momento glorioso de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María van al sepulcro. Se produce un gran terremoto, un ángel del Señor desciende del cielo, remueve la piedra y se sienta sobre ella. Su aspecto es como un relámpago y su vestido blanco como la nieve. Los guardias, atemorizados, quedan como muertos. El ángel se dirige a las mujeres, disipando su temor con la buena noticia: "No teman. Sé que ustedes buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí; ha resucitado, tal como lo había dicho" (Mateo 28, 5-6). Las invita a ver el lugar donde había sido puesto el cuerpo del Señor y las envía a anunciar a los discípulos que Jesús ha resucitado y que los precede en Galilea. Mientras ellas van a dar la noticia, Jesús mismo les sale al encuentro, diciéndoles: "No tengan miedo. Vayan a decir a mis hermanos que partan para Galilea; allí me verán" (Mateo 28, 10). Es un mensaje de esperanza y de una nueva misión.
Este pasaje nos invita a reflexionar sobre la victoria de Cristo sobre la muerte y el pecado. El silencio del Sábado Santo nos ha preparado para acoger esta explosión de vida. ¿Cómo resuena en mi corazón la noticia de la Resurrección? ¿Permito que la luz de Cristo disipe mis miedos y mis tristezas, así como el ángel disipó el temor de las mujeres? La invitación de Jesús a "ir a Galilea" es un llamado a volver a la vida ordinaria, a nuestro "Galilea" personal, pero con una mirada nueva, transformados por el encuentro con el Resucitado. Es allí, en lo cotidiano, donde Él nos espera y donde debemos dar testimonio de su victoria. ¿Estoy dispuesto a llevar esta noticia de esperanza a mi entorno, a aquellos que quizás aún viven en el 'sepulcro' de sus desesperanzas?
Señor Jesús, en este día glorioso de tu Resurrección, te damos gracias por tu amor victorioso que ha vencido a la muerte. Te pedimos que ilumines nuestro corazón para que podamos acoger plenamente la alegría de tu Pascua. Ayúdanos a no tener miedo, a confiar en tu presencia constante en nuestras vidas y a ser mensajeros valientes de tu Evangelio. Que tu Espíritu nos impulse a ir a nuestra "Galilea" particular, llevando la buena noticia de que Tú vives y nos precedes.
Permanece en silencio, contemplando la imagen del sepulcro vacío y la luz del Resucitado. Deja que la paz de Cristo inunde tu alma y que la alegría de la Resurrección te envuelva. Descansa en la certeza de que Él vive y está contigo.
Hoy, buscaré una oportunidad para compartir una palabra de esperanza o un gesto de consuelo con alguien que lo necesite, recordando que Cristo ha resucitado y su vida transforma toda tristeza.
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