Martes 14 de abril de 2026 · Martes de la II semana del Tiempo de Pascua · san Juan 3, 5. 7-15
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Lectio
Lectura — ¿Qué dice el texto?
Queridos hermanos, el Evangelio que la Iglesia nos propone hoy, tomado de san Juan (3, 5. 7-15), nos sitúa en el diálogo nocturno de Jesús con Nicodemo. En este encuentro, Jesús revela una verdad fundamental para nuestra vida de fe: "En verdad te digo: El que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios" (Juan 3, 5). Nicodemo, un maestro en Israel, se muestra perplejo ante estas palabras, no logrando comprender cómo un hombre ya anciano puede volver a nacer. Jesús le explica que este nuevo nacimiento no es carnal, sino espiritual.
El Señor profundiza en esta enseñanza comparando la acción del Espíritu con el viento, que "sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu" (Juan 3, 8). Luego, Jesús eleva la mirada hacia un misterio aún mayor, recordándole a Nicodemo la serpiente de bronce levantada por Moisés en el desierto (Números 21, 4-9). "Así también es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo el que crea en él tenga vida eterna" (Juan 3, 14-15). Este pasaje nos invita a contemplar la Cruz como fuente de vida nueva, el camino por el cual se nos ofrece la salvación.
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Meditatio
Meditación — ¿Qué me dice Dios a mí?
Este Evangelio, hermanos, nos interpela directamente sobre nuestra propia experiencia de fe. ¿Hemos comprendido la profundidad de lo que significa "nacer de nuevo"? No se trata de un simple cambio de costumbres, sino de una transformación radical obrada por el Espíritu Santo que nos capacita para vivir según Dios. Es un nacer a una nueva vida en Cristo, que nos renueva desde lo más íntimo de nuestro ser y nos abre a la realidad del Reino de Dios.
La imagen de la serpiente levantada en el desierto, que sanaba a los que la miraban, nos invita a fijar nuestra mirada en Jesús crucificado. Él es la fuente de nuestra sanación y de nuestra vida eterna. En la cruz, el amor de Dios se manifiesta plenamente, y al contemplarlo con fe, somos liberados del pecado y recibimos la gracia para vivir como hijos de Dios. Meditemos hoy sobre la necesidad de esta mirada constante a Cristo, que nos sostiene y nos guía en nuestro camino de fe.
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Oratio
Oración — ¿Qué le digo yo a Dios?
Señor Jesús, te damos gracias por tu Palabra que ilumina nuestro camino y nos revela los misterios de tu amor. Te pedimos que derrames en nosotros tu Espíritu Santo, para que podamos nacer de nuevo cada día, purificados por el agua de nuestro Bautismo y fortalecidos por tu gracia. Ayúdanos a comprender y a vivir la profundidad de tu entrega en la cruz, para que, al mirarte levantado, encontremos en ti la vida eterna. Que nuestra fe sea siempre una mirada confiada en tu misericordia y un abandono total a tu voluntad.
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Contemplatio
Contemplación — Descansar en su presencia
Ahora, en silencio, permitamos que la Palabra de Dios resuene en nuestro corazón. Descansamos en la presencia del Señor, abriendo nuestro ser a la acción del Espíritu que nos renueva y nos invita a nacer de lo alto. Dejemos que la imagen de Jesús levantado en la cruz se grabe en nuestra alma, como fuente de vida y esperanza.
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Actio
Acción — Mi compromiso de hoy
Hoy me comprometo a dedicar un momento para contemplar el crucifijo o una imagen de Jesús crucificado, pidiéndole la gracia de renovar mi fe en su amor redentor y de vivir con la conciencia de haber nacido de nuevo por el Espíritu.
✨ Esta guía fue elaborada con ayuda de inteligencia artificial (Lectio Divina Beta) a partir de las lecturas del día. Tómala como apoyo para tu oración personal.