Lectio Divina

No trabajen por el alimento que perece

Lunes 20 de abril de 2026

«Jesús les respondió: "Yo les aseguro que ustedes me buscan, no porque han visto señales milagrosas, sino porque han comido pan hasta saciarse".»

Lunes de la III semana del Tiempo de Pascua · san Juan 6, 22-29

Lectio (lectura)

Nos encontramos en el Evangelio de San Juan, en el capítulo 6, un día después de la multiplicación de los panes y los peces. La multitud, que había sido alimentada milagrosamente, busca nuevamente a Jesús, cruzando el lago de Galilea. Su motivación principal parece ser la de obtener más alimento material, como lo expresa Jesús en su diálogo con ellos. Han experimentado un prodigio, pero su comprensión de este milagro se detiene en lo puramente terrenal y físico. Jesús, con su sabiduría divina, discierne sus intenciones y los invita a ir más allá de la búsqueda de lo perecedero. Les dice: "No trabajen por el alimento que perece, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que les dará el Hijo del Hombre" (Juan 6, 27). Esta declaración es una invitación profunda a reorientar sus deseos y esfuerzos, a elevar la mirada de lo temporal a lo eterno, de lo material a lo espiritual. La multitud, aún enfocada en lo inmediato, pregunta qué deben hacer para realizar las obras de Dios, revelando su mentalidad de cumplimiento de preceptos para obtener favores.

Meditatio (meditación)

Este pasaje nos interpela hoy, hermanos, sobre nuestras propias motivaciones al acercarnos al Señor. ¿Buscamos a Jesús principalmente por los beneficios materiales o por la consolación que pueda ofrecernos en nuestras dificultades, o lo buscamos por Él mismo, por la vida eterna que nos ofrece? El Señor nos invita a examinar nuestro corazón y a purificar nuestras intenciones. Nos recuerda que hay un alimento que sacia verdaderamente, un alimento que no se agota con el tiempo y que nos une a Él para siempre. En nuestra vida cotidiana, a menudo nos afanamos por conseguir bienes, seguridad, reconocimiento, que son ciertamente importantes, pero que, como el alimento que perece, no pueden satisfacer la sed más profunda de nuestro espíritu. Jesús nos llama a "trabajar" por ese alimento imperecedero, que es Él mismo, su Palabra, su Eucaristía. Este trabajo no es un esfuerzo de méritos humanos, sino una disposición del corazón a acoger el don de Dios, a creer en Aquel que Él ha enviado. ¿Estoy dedicando tiempo y energía a nutrir mi alma con este alimento que permanece?

Oratio (oración)

Señor Jesús, te damos gracias por tu Palabra que nos ilumina y nos corrige. Te pedimos perdón por las veces en que te buscamos más por nuestros intereses pasajeros que por el amor a tu persona y a la vida eterna que nos ofreces. Ayúdanos a comprender que el verdadero alimento es tu presencia, tu amor y tu gracia. Despierta en nosotros un deseo ardiente por ese pan vivo que has bajado del cielo, para que no nos afanemos solo por lo que perece, sino por lo que nos une a Ti para siempre.

Contemplatio (contemplación)

Permanezcamos ahora en silencio, hermanos, sintiendo la presencia de Jesús. Dejemos que sus palabras resuenen en nuestro interior: "No trabajen por el alimento que perece, sino por el alimento que permanece para la vida eterna". Descansamos en Él, en su amor que nos invita a ir más allá de nuestras búsquedas terrenales, para encontrar la verdadera saciedad en su corazón.

Actio (compromiso)

Hoy me comprometo a dedicar un tiempo específico a la lectura de la Sagrada Escritura o a la oración silenciosa, buscando alimentar mi espíritu y no solo mis necesidades materiales, recordando que Jesús es el verdadero Pan de Vida.

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