Lectio Divina
Sábado 2 de mayo de 2026
«Si me conocen a mí, conocerán también a mi Padre (Juan 14, 7).»
Nos encontramos en el evangelio de San Juan, en el contexto de la Última Cena, donde Jesús está preparando a sus discípulos para su partida. Es un momento de profunda intimidad y revelación. Jesús les ha estado hablando sobre su Padre y sobre el camino hacia Él. Felipe, con la sencillez de quien desea ver con sus propios ojos, le pide a Jesús: "Señor, muéstranos al Padre y nos basta" (Juan 14, 8). La respuesta de Jesús es una de las afirmaciones más profundas sobre su identidad y su relación con el Padre. Él dice: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" (Juan 14, 9). Jesús se revela como la imagen visible del Dios invisible, el camino, la verdad y la vida que nos conduce directamente al Padre. Nos invita a creer en su unión con el Padre, no solo por sus palabras, sino por las obras que realiza, que son testimonio del poder y la presencia de Dios en Él.
En este pasaje, el Señor nos invita a reflexionar sobre nuestra propia relación con Él y, a través de Él, con el Padre. ¿Realmente buscamos conocer a Jesús en profundidad, o nos conformamos con una idea superficial de Él? La insistencia de Jesús en que quien lo ha visto a Él, ha visto al Padre, nos recuerda que no hay otro camino para llegar a Dios sino a través de su Hijo encarnado. Él es la revelación plena. Hoy, el Señor nos anima a profundizar en nuestra fe en Él. No se trata solo de un conocimiento intelectual, sino de una relación personal y transformadora. Si creemos en Él, como Él mismo nos asegura, podremos realizar obras aún mayores, porque Él va al Padre. Esto nos llama a una confianza plena en su presencia en nosotros, capacitándonos para ser instrumentos de su amor y su gracia en el mundo, continuando su misión.
Señor Jesús, te damos gracias porque eres la revelación perfecta del Padre. Te pedimos que abras nuestros ojos del corazón para reconocerte en tu Palabra, en la Eucaristía y en nuestros hermanos. Ayúdanos a comprender que al seguirte a Ti, estamos siguiendo el camino que nos lleva directamente al Padre. Que nuestra fe en Ti sea tan profunda que podamos dar testimonio de tu amor con nuestras vidas y nuestras obras, confiando en que por Ti podemos hacer cosas grandes para tu Reino. Que tu Espíritu nos guíe siempre a la verdad plena.
Permanezcamos ahora en silencio, contemplando la verdad de que Jesús es el rostro visible del Padre. Dejemos que esta verdad penetre en nuestro ser, invitándonos a descansar en su amor y en su presencia.
Hoy, buscaré un momento para leer con calma un pasaje del Evangelio que hable de Jesús y el Padre, y haré un acto de fe en que, al conocer a Jesús, estoy conociendo a Dios mismo.
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