Lectio Divina
Lunes 11 de mayo de 2026
«Cuando venga el Paráclito, el Espíritu de la Verdad, él dará testimonio de mí.»
Nos encontramos hoy, hermanos, en el Evangelio de San Juan (15, 26 — 16, 4a), ante las palabras de Jesús que anuncian la venida del Paráclito, el Espíritu Santo. Jesús se despide de sus discípulos, consciente de la persecución que les espera, y les promete un Consolador, un Defensor, que no solo estará con ellos, sino que morará en ellos. Este Espíritu es el Espíritu de la Verdad, que dará testimonio de Cristo y les recordará todo lo que Él les ha enseñado. El Señor prepara a sus apóstoles para las dificultades que enfrentarán a causa de su fe. Les advierte que serán expulsados de las sinagogas e incluso habrá quienes piensen que, al quitarles la vida, están rindiendo un servicio a Dios. Jesús no oculta la realidad de la cruz, sino que la ilumina con la esperanza de la presencia del Espíritu Santo, quien los fortalecerá y los guiará en medio de la adversidad. La venida del Espíritu es la garantía de que no estarán solos en su misión de dar testimonio.
Queridos hermanos, estas palabras de Jesús resuenan con fuerza en nuestra propia vida. También nosotros, como discípulos de Cristo, estamos llamados a dar testimonio de Él en un mundo que a menudo se muestra hostil a los valores del Evangelio. ¿Cuántas veces nos sentimos solos o desanimados ante las dificultades de vivir nuestra fe con coherencia? La promesa del Paráclito nos recuerda que no estamos abandonados. El Espíritu Santo, el Defensor, está con nosotros. Él nos da la fuerza para perseverar en la verdad, para amar incluso a quienes nos persiguen, y para anunciar el Evangelio con valentía. ¿Estamos abriendo nuestro corazón a la acción del Espíritu en nuestra vida? ¿Le permitimos que nos guíe, que nos consuele, que nos dé la sabiduría para discernir la voluntad de Dios en cada situación? La meditación de este pasaje nos invita a una mayor docilidad al Espíritu, a escuchar su voz en nuestra conciencia y a dejarnos transformar por su gracia para ser testigos fieles de Cristo.
Señor Jesús, te damos gracias por tu promesa del Espíritu Santo, el Paráclito, que nos has enviado para que no estemos solos. Te pedimos que derrames abundantemente tu Espíritu en nuestros corazones, para que nos fortalezca en la fe, nos ilumine en la verdad y nos dé la valentía para dar testimonio de Ti ante el mundo. Que el Espíritu Santo sea nuestro Defensor y nuestro Guía en cada momento de nuestra vida, especialmente cuando enfrentamos la incomprensión o la adversidad. Ayúdanos a ser dóciles a su acción y a vivir siempre según su inspiración. Amén.
Ahora, en silencio, descansa en la presencia de Dios. Deja que la Palabra resuene en tu interior. Siente la presencia del Espíritu Santo que te consuela, te fortalece y te guía. Permanece en esta unión amorosa con el Señor, abriendo tu corazón a su gracia.
Hoy me comprometo a invocar al Espíritu Santo en cada decisión importante que deba tomar y a pedir su guía antes de hablar o actuar, especialmente cuando me encuentre en situaciones difíciles o de conflicto, para que mis palabras y mis obras den testimonio de Cristo.
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