Lectio Divina
Jueves 14 de mayo de 2026
«Permanezcan en mi amor.»
Nos encontramos en el Evangelio de San Juan, en el contexto del discurso de Jesús después de la Última Cena. En este pasaje (Jn 15, 9-17), el Señor nos invita a permanecer en su amor, así como Él mismo permanece en el amor del Padre. Esta permanencia no es pasiva, sino que se manifiesta en la observancia de sus mandamientos, que son una expresión de su amor por nosotros y un camino para experimentar su alegría plena. Jesús eleva la relación con sus discípulos de siervos a amigos, revelándoles todo lo que ha oído del Padre. La elección es divina, no humana: "No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes" (Jn 15, 16). Esta elección tiene un propósito claro: dar fruto, un fruto que permanezca. Y la culminación de esta enseñanza es un nuevo mandamiento, que ya no es tan nuevo, pero que se presenta con una profundidad renovada: "Ámense unos a otros" (Jn 15, 17).
Hoy, el Señor nos interpela directamente: ¿Permanezco en su amor? Esta pregunta nos lleva a reflexionar sobre la calidad de nuestra relación con Él. Permanecer en su amor significa vivir en comunión constante, buscando su voluntad y haciendo de su Palabra la luz de nuestro camino. No se trata de una carga, sino de una fuente de alegría, como Jesús mismo nos dice: "Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea completa" (Jn 15, 11). La invitación a amarnos unos a otros, como Él nos ha amado, es el distintivo del cristiano. ¿Cómo se manifiesta este amor en mi vida diaria, en mis relaciones familiares, laborales, sociales? ¿Soy capaz de dar la vida por mis amigos, no solo en un sentido heroico, sino en el día a día, ofreciendo mi tiempo, mi escucha, mi perdón? El amor de Cristo nos impulsa a salir de nosotros mismos para ir al encuentro del otro, especialmente del más necesitado, reconociendo en él el rostro del Señor.
Señor Jesús, te doy gracias por tu amor incondicional que me invita a permanecer en Ti. Ayúdame a guardar tus mandamientos, no por obligación, sino por el deseo de vivir en tu alegría. Concede que mi vida sea un reflejo de tu amor, amando a mis hermanos como Tú me has amado. Que tu Espíritu Santo me guíe para dar frutos que permanezcan, para tu gloria y para el bien de mi prójimo.
Ahora, en silencio, descansa en la presencia amorosa de Dios. Permite que la Palabra "Permanezcan en mi amor" resuene en tu corazón. Siente su abrazo y su invitación a una comunión más profunda.
Hoy, buscaré una oportunidad concreta para mostrar amor a alguien de mi entorno, ofreciendo una ayuda desinteresada, una palabra de aliento o un gesto de reconciliación, recordando que "No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos" (Jn 15, 13).
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