Lectio Divina
Sábado 23 de mayo de 2026
«Sabemos que dice la verdad.»
Nos encontramos al final del Evangelio de San Juan, en un epílogo que sigue a la aparición de Jesús resucitado junto al lago de Tiberíades. Después de la triple pregunta a Pedro sobre su amor y el encargo de apacentar a sus ovejas, el apóstol, al ver a Juan, pregunta al Señor sobre el destino de su compañero. La respuesta de Jesús, "Si yo quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme" (Juan 21, 22), nos invita a centrar nuestra mirada en nuestra propia vocación y seguimiento. El pasaje concluye con el testimonio del mismo discípulo amado, quien afirma la veracidad de lo escrito y la inmensidad de las obras de Jesús, que no podrían ser contenidas en libros. Este pasaje subraya la relación particular de Jesús con sus discípulos, una relación de amor y de confianza. La figura de Juan, el discípulo amado, es presentada como testigo privilegiado de la vida y las palabras del Maestro. El evangelista no solo relata los hechos, sino que da fe de ellos, garantizando la autenticidad de su relato. Es un recordatorio de que la fe se apoya en el testimonio de quienes han estado con el Señor y han experimentado su amor y su poder.
Hoy, el Señor nos invita a reflexionar sobre nuestra propia relación con Él y con los demás. A veces, como Pedro, nos preocupamos por el camino de nuestros hermanos, por lo que Dios les pide o les concede. Sin embargo, la respuesta de Jesús nos dirige a lo esencial: "Tú sígueme". Esta es una llamada personal y radical a vivir nuestra fe con autenticidad, sin comparaciones, confiando en el plan que Dios tiene para cada uno de nosotros. La fidelidad de Juan al testimonio es también un eco para nuestra propia vida. ¿Soy yo un testigo fiel del amor de Cristo en mi entorno? ¿Mis palabras y mis acciones reflejan la verdad del Evangelio? El pasaje nos anima a profundizar en el conocimiento de Jesús a través de su Palabra, para que, al igual que el discípulo amado, podamos dar testimonio de Él con convicción y alegría, sabiendo que su amor es inagotable y su verdad permanece para siempre.
Señor Jesús, te damos gracias por tu Palabra que nos ilumina y nos guía. Ayúdanos a seguirte con un corazón indiviso, sin distracciones ni comparaciones. Que podamos confiar plenamente en tu amor y en tu plan para nuestras vidas. Concédenos la gracia de ser testigos fieles de tu Evangelio, llevando tu verdad y tu misericordia a todos los que nos rodean. Que nuestro amor por ti crezca cada día, para que podamos permanecer siempre unidos a ti, el Amigo fiel.
Permanece en silencio ante el Señor, sintiendo su presencia amorosa. Deja que la Palabra resuene en tu corazón y descansa en la certeza de su amor y su fidelidad. Simplemente sé en Él.
Hoy, evitaré juzgar o comparar mi camino de fe con el de otros. Me centraré en mi relación personal con Jesús, dedicando un momento específico a la oración o a la lectura de un pasaje del Evangelio, pidiéndole que me muestre cómo seguirle más fielmente.
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