Lectio Divina

Fe que mueve montañas

Viernes 29 de mayo de 2026

«Todo lo que pidan en la oración, crean que ya lo tienen y lo conseguirán.»

Viernes de la VIII semana del Tiempo ordinario · san Marcos 11, 11-26

Lectio (lectura)

Nos encontramos hoy, hermanos, con un pasaje del Evangelio de San Marcos que nos presenta a Jesús en Jerusalén, en los días previos a su Pasión. Después de su entrada triunfal, Jesús se dirige al Templo, observa todo y luego regresa a Betania. Al día siguiente, de camino a la ciudad, siente hambre y ve una higuera con hojas, pero sin frutos. Jesús maldice la higuera, un gesto que, aunque pueda parecernos duro, es una enseñanza profunda sobre la esterilidad espiritual y la falta de frutos en la vida de fe. Esta higuera, que aparenta tener vida pero no produce, es una imagen de lo que no cumple su propósito. El relato continúa con Jesús entrando al Templo y expulsando a los vendedores y cambistas, purificando la casa de oración. Su celo por la santidad del Templo, que debía ser "casa de oración para todas las naciones" (Marcos 11,17), contrasta con la actitud de quienes lo habían convertido en "cueva de ladrones" (Marcos 11,17). Este acto de purificación es una denuncia contra la hipocresía y el materialismo que se infiltran en lo sagrado. Finalmente, al pasar de nuevo junto a la higuera, los discípulos la encuentran seca desde la raíz, lo que lleva a Pedro a recordar la palabra de Jesús, y al Señor a pronunciar una enseñanza fundamental sobre la fe y el perdón.

Meditatio (meditación)

Queridos hermanos, este Evangelio nos invita a reflexionar sobre la autenticidad de nuestra fe. ¿Somos como la higuera frondosa pero estéril, que aparenta piedad pero no da frutos de caridad, justicia y santidad? Jesús nos llama a una fe viva y operante, una fe que se manifieste en obras concretas. El Señor nos pide que no nos contentemos con las apariencias, sino que busquemos una conversión profunda que transforme nuestra vida y la de nuestro entorno. ¿Cómo es nuestra oración? ¿Es un verdadero encuentro con Dios o una rutina vacía? La enseñanza de Jesús sobre la fe que mueve montañas y el poder de la oración es un consuelo y un desafío. "Todo lo que pidan en la oración, crean que ya lo tienen y lo conseguirán" (Marcos 11,24). Esto no es una fórmula mágica, sino una invitación a la confianza plena en Dios, a una relación filial donde sabemos que Él escucha y provee según su voluntad perfecta. Pero esta fe no puede estar separada del perdón. "Cuando se pongan de pie para orar, si tienen algo contra alguien, perdónenlo" (Marcos 11,25). El perdón es la condición indispensable para que nuestra oración sea escuchada y para que experimentemos la plenitud del amor de Dios. Sin perdón, nuestra fe es incompleta, y nuestra oración, estéril.

Oratio (oración)

Señor Jesús, te damos gracias por tu Palabra que nos ilumina y nos interpela. Te pedimos perdón por las veces que nuestra fe ha sido superficial, como la higuera sin frutos. Ayúdanos a purificar nuestro corazón, a expulsar de nuestra vida todo aquello que nos aleja de ti y de los hermanos. Concédenos una fe inquebrantable, una confianza plena en tu providencia y en el poder de la oración. Enséñanos a perdonar de corazón, para que nuestra oración sea agradable a tus ojos y podamos experimentar tu misericordia en plenitud. Que tu Espíritu Santo nos guíe para dar frutos abundantes de amor y servicio en nuestra vida diaria.

Contemplatio (contemplación)

Ahora, en silencio, descansa en la presencia del Señor. Permite que estas palabras resuenen en tu corazón. Siente la invitación de Jesús a una fe auténtica, a una oración confiada y a un perdón liberador. Deja que el Espíritu Santo te envuelva y te renueve.

Actio (compromiso)

Hoy me comprometo a revisar mis actitudes de perdón. Si tengo algo contra alguien, buscaré perdonar de corazón, y si es posible, daré un paso hacia la reconciliación. Además, haré un momento de oración consciente, pidiendo con fe aquello que el Señor me inspira, confiando plenamente en su respuesta.

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