Lectio Divina
Domingo 31 de mayo de 2026
«Tanto amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo único.»
Nos encontramos hoy, hermanos, ante la solemnidad de la Santísima Trinidad, el misterio central de nuestra fe. El evangelio de San Juan (3, 16-18) nos sumerge en el corazón de este misterio revelado por Jesús mismo. Es un pasaje que nos habla del amor inmenso de Dios Padre, quien en su infinita bondad, entrega a su Hijo único para la salvación de la humanidad. No es un amor que condena, sino un amor que busca la vida eterna para todo aquel que cree en Él. Este texto nos presenta a Jesús como la manifestación visible del amor del Padre, el Enviado que viene no para juzgar, sino para salvar. Aquel que cree en Él no es condenado, sino que ya ha pasado de la muerte a la vida. Por el contrario, quien no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. Es una llamada a la fe, a la confianza en este plan divino de salvación que brota del amor trinitario.
Hoy, al meditar este pasaje, el Señor nos invita a contemplar la profundidad de su amor. ¿Cómo resuena en mi corazón esa afirmación de que 'tanto amó Dios al mundo'? A menudo, podemos sentirnos pequeños o indignos, pero la Palabra nos recuerda que somos objeto de un amor tan grande que el Padre entregó a su propio Hijo por nosotros. Este amor no es condicional; es una gracia que se nos ofrece libremente. Me pregunto: ¿Estoy viviendo como alguien amado por Dios? ¿Permito que este amor trinitario transforme mis miedos, mis preocupaciones, mis relaciones? La fe en Jesús, el Hijo, es la puerta a esta vida eterna que el Padre nos ofrece. ¿Confío plenamente en Él, en su palabra, en su presencia en mi vida? La Santísima Trinidad no es solo una doctrina, sino una relación de amor que se nos invita a vivir.
Señor, Dios Padre todopoderoso, te damos gracias por tu amor inmenso, que se revela en la entrega de tu Hijo Jesucristo. Gracias, Jesús, por ser el camino, la verdad y la vida, por mostrarnos el rostro misericordioso del Padre. Espíritu Santo, te pedimos que ilumines nuestro entendimiento y abras nuestro corazón para acoger este amor trinitario que nos salva. Ayúdanos a vivir cada día en la fe, la esperanza y la caridad, reflejando tu amor en el mundo.
Ahora, en silencio, descansa en la presencia amorosa de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Permite que la verdad de su amor incondicional penetre en tu ser. Siente la paz de saberte amado, salvado y sostenido por la Trinidad.
Hoy, me comprometeré a dar gracias a Dios por su amor al menos tres veces a lo largo del día, reconociendo su presencia trinitaria en mi vida y en el mundo.
evangeliodeldia.udefe.com