Lectio Divina

Amar a Dios y al prójimo

Jueves 4 de junio de 2026

«No estás lejos del Reino de Dios.»

Jueves de la IX semana del Tiempo ordinario · san Marcos 12, 28-34

Lectio (lectura)

Nos encontramos hoy con un escriba que se acerca a Jesús para preguntarle cuál es el primero de todos los mandamientos. Esta pregunta no era trivial en aquel tiempo, pues existían muchas leyes y preceptos, y discernir la esencia de la voluntad de Dios era un verdadero desafío. Jesús, con su sabiduría divina, no duda en citar el Shemá Israel, la profesión de fe fundamental para el pueblo judío, que encontramos en Deuteronomio 6, 4-5: "Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas." (Marcos 12, 29-30). Pero Jesús no se detiene ahí. Inmediatamente añade un segundo mandamiento, tan importante como el primero, tomado del Levítico 19, 18: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." (Marcos 12, 31). Con esto, el Señor une de forma indisoluble el amor a Dios y el amor al prójimo, mostrando que no se pueden separar. El escriba, al escuchar la respuesta de Jesús, reconoce la verdad de sus palabras y la superioridad de estos mandamientos sobre todos los holocaustos y sacrificios. Jesús, al ver la inteligencia y la buena disposición del escriba, le dice: "No estás lejos del Reino de Dios." (Marcos 12, 34).

Meditatio (meditación)

Este pasaje nos invita a reflexionar sobre la centralidad del amor en nuestra vida cristiana. ¿Cómo estamos viviendo estos dos grandes mandamientos? ¿Amo al Señor con todo mi ser, o mi corazón está dividido entre Él y otras preocupaciones? El amor a Dios no es solo un sentimiento, sino una entrega total de nuestra voluntad, nuestra inteligencia y nuestras fuerzas a su servicio. Implica buscar su voluntad en todo, confiar plenamente en Él y ponerlo a Él en primer lugar en nuestras decisiones. Al mismo tiempo, el Señor nos recuerda que el amor a Dios se manifiesta y se verifica en el amor al prójimo. No podemos decir que amamos a Dios a quien no vemos, si no amamos a nuestro hermano a quien sí vemos (1 Juan 4, 20). ¿Cómo trato a quienes me rodean? ¿Me preocupo por sus necesidades, sus alegrías y sus tristezas? El amor al prójimo, como nos enseña Jesús, no es solo no hacer daño, sino buscar activamente su bien, perdonar, servir y construir lazos de caridad. Que esta Palabra nos mueva a examinar sinceramente nuestra vida y a renovar nuestro compromiso de amar, porque en el amor se resume toda la Ley.

Oratio (oración)

Señor Jesús, tú que nos revelaste el mandamiento del amor como el camino para entrar en tu Reino, te pido que mi corazón se inflame con tu caridad. Ayúdame a amarte con todo mi ser, sin reservas, y a reconocer tu presencia en cada hermano y hermana. Que mi vida sea un reflejo de tu amor misericordioso, especialmente con aquellos que más lo necesitan. Que tu Espíritu Santo me guíe para vivir cada día este doble mandamiento, fuente de toda santidad.

Contemplatio (contemplación)

Permanece en silencio, acogiendo la Palabra de Jesús en tu corazón. Descansa en la presencia amorosa de Dios y deja que su amor te transforme. Siente cómo te envuelve su misericordia y cómo te invita a amar como Él te ama.

Actio (compromiso)

Hoy me esforzaré por realizar un acto concreto de caridad hacia una persona de mi entorno, ya sea con una palabra amable, una escucha atenta o una ayuda desinteresada, recordando que al hacerlo, amo a Dios.

evangeliodeldia.udefe.com