Lectio Divina
Viernes 19 de junio de 2026
«Donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón (Mateo 6,21).»
Hermanos y hermanas en Cristo, en este Viernes de la XI semana del Tiempo Ordinario, la Palabra de Dios nos invita a reflexionar sobre la verdadera riqueza. El Evangelio de San Mateo (6, 19-23) nos presenta a Jesús enseñándonos sobre la importancia de no acumular tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y los ladrones roban. En cambio, nos exhorta a amasar tesoros en el cielo, donde nada de esto puede afectarlos. El Señor profundiza en esta enseñanza al afirmar que "donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón" (Mateo 6,21). Luego, utiliza la imagen del ojo como lámpara del cuerpo, explicando que si nuestro ojo es sano, todo nuestro cuerpo estará iluminado; pero si el ojo está enfermo, todo el cuerpo estará en tinieblas. Esta metáfora nos habla de la pureza de intención y de la dirección de nuestra mirada interior, que determina la calidad de nuestra vida espiritual y moral.
Queridos hermanos, esta Palabra de Jesús resuena hoy con particular fuerza en nuestras vidas. ¿Dónde estamos poniendo nuestros mayores esfuerzos y anhelos? ¿En lo que es pasajero y material, o en lo que tiene valor eterno? El Señor nos invita a examinar nuestro corazón y a descubrir qué es lo que realmente lo mueve y lo ocupa. Si nuestro tesoro es el dinero, el poder o el reconocimiento humano, nuestro corazón estará atado a estas realidades efímeras, que tarde o temprano nos defraudarán. Si, por el contrario, nuestro tesoro es Dios, su Reino, la caridad, la justicia y la búsqueda de la santidad, entonces nuestro corazón estará en sintonía con Él. La imagen del ojo como lámpara del cuerpo nos interpela: ¿es nuestra mirada interior pura y sencilla, dirigida hacia Dios, o está ofuscada por las preocupaciones mundanas y las ambiciones egoístas? De la respuesta a esta pregunta depende que nuestra vida esté llena de luz o de oscuridad.
Señor Jesús, te damos gracias por tu Palabra que ilumina nuestro camino. Te pedimos perdón por las veces en que hemos puesto nuestro corazón en tesoros pasajeros y por haber descuidado los verdaderos bienes del cielo. Ayúdanos a tener un corazón libre y generoso, que te busque a Ti por encima de todo. Que nuestro ojo sea sano, Señor, para que toda nuestra vida esté llena de tu luz. Concédenos la gracia de vivir desprendidos de lo material, para que podamos amarte a Ti y a nuestros hermanos con un amor puro y sincero.
Ahora, en el silencio de nuestro corazón, permitamos que la Palabra de Jesús penetre profundamente. Descansemos en su presencia, meditando en la verdad de que Él es nuestro verdadero tesoro. Dejemos que su amor nos envuelva y nos impulse a reorientar nuestra vida hacia Él.
Hoy me comprometo a revisar mis prioridades y a dedicar un tiempo concreto a la oración y al servicio a los demás, reconociendo que en ello encuentro el verdadero tesoro que no perece.
evangeliodeldia.udefe.com