Lectio Divina

El poder liberador de Jesús

Miércoles 1 de julio de 2026

«Los demonios le suplicaron a Jesús: 'Si vienes a echarnos fuera, mándanos entrar en esos cerdos'. Él les respondió: 'Está bien'. (Mateo 8, 31-32)»

Miércoles de la XIII semana del Tiempo ordinario · san Mateo (8, 28-34)

Lectio (lectura)

El pasaje de Mateo 8, 28-34 nos sitúa en la región de los gadarenos, un territorio pagano al otro lado del lago de Galilea. Jesús se encuentra con dos hombres poseídos por demonios, cuya ferocidad los había excluido de la sociedad y los obligaba a vivir entre los sepulcros, un lugar de impureza según la ley judía. La descripción de su violencia subraya la gravedad de su condición y el terror que inspiraban, impidiendo el paso por aquel camino. El encuentro no es pasivo; los demonios, reconociendo la autoridad de Jesús, lo interpelan con una pregunta que revela su conocimiento de su identidad divina ("Hijo de Dios") y su temor al juicio final ("antes del tiempo señalado"). Su súplica para ser enviados a la piara de cerdos es significativa, ya que estos animales eran impuros para los judíos y su número (una "numerosa piara") indica la magnitud de la posesión. La respuesta de Jesús, "Está bien", muestra su soberanía sobre las fuerzas del mal, culminando en la destrucción de los cerdos en el lago, un símbolo de la derrota definitiva del mal y la purificación del territorio.

Meditatio (meditación)

Este evangelio nos invita a reflexionar sobre la autoridad de Jesús frente al mal y la liberación que Él trae. Los endemoniados de Gadara representan a la humanidad esclavizada por el pecado y las fuerzas demoníacas, viviendo al margen de la sociedad y de la gracia de Dios. La pregunta de los demonios a Jesús, "¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios?", resalta su reconocimiento forzoso de la divinidad de Cristo y su poder ineludible. Es un recordatorio de que, aunque el mal se manifieste con violencia, nunca tiene la última palabra frente a la omnipotencia divina. La reacción de la gente de la ciudad, quienes suplican a Jesús que se retire de su territorio, es un eco de la resistencia humana a la gracia y a la novedad que Dios ofrece. Prefieren la 'seguridad' de sus costumbres, incluso si estas implican la presencia del mal o la pérdida material, a la transformación radical que la presencia de Jesús provoca. Esta actitud nos interpela: ¿estamos dispuestos a aceptar la presencia de Jesús con todas sus consecuencias, incluso si implica renunciar a aquello que nos resulta cómodo o que nos ata a ciertos apegos? La primera lectura de Amós nos recuerda que el Señor busca la justicia y la bondad por encima de los ritos vacíos: "Que fluya la justicia como el agua y la bondad como un torrente inagotable" (Amós 5, 24), invitándonos a una conversión interior y a una adhesión sincera a Él.

Oratio (oración)

Señor Jesús, Hijo de Dios vivo, Tú que con tu sola palabra sometes las fuerzas del mal y liberas a los cautivos, te doy gracias por tu poder y tu amor. Mira mi corazón, a veces atado por mis propios miedos y pecados, que me impiden vivir en plenitud tu libertad. Desecha de mí todo aquello que me aparta de ti, todo aquello que me encadena al mal. Que tu justicia fluya en mi alma como un torrente purificador, y tu bondad me inunde para que pueda reflejarte en mi vida. No permitas que, por temor a lo desconocido o por apego a mis seguridades, te pida que te apartes de mi vida. Más bien, concédeme la gracia de acogerte plenamente, de permitirte actuar con tu poder transformador en cada rincón de mi existencia.

Contemplatio (contemplación)

Permanece en silencio, dejando que la presencia liberadora de Jesús inunde tu ser. Medita en su autoridad sobre el mal y en la libertad que Él ofrece. Descansa en la certeza de que nada puede separarte de su amor. 'No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo al infierno.' (Mateo 10, 28).

Actio (compromiso)

Hoy me esforzaré por identificar una atadura o miedo en mi vida y, en oración, lo pondré conscientemente ante Jesús, pidiéndole su liberación y su fuerza para superarlo.

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