Lectio Divina
Miércoles 15 de julio de 2026
«Has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla.»
Nos encontramos hoy, hermanos, con una exclamación de Jesús llena de gratitud y asombro hacia el Padre. En el Evangelio de San Mateo (11, 25-27), Jesús alaba a Dios porque su sabiduría no se revela a los que se consideran sabios y entendidos según los criterios del mundo, sino a los 'sencillos', a los humildes de corazón. Esta revelación no es arbitraria, sino que responde al beneplácito divino, a la voluntad amorosa del Padre. Luego, el Señor nos recuerda la profunda comunión que existe entre Él y el Padre: 'El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar'. Esta afirmación subraya la autoridad y la íntima relación de Jesús con Dios, siendo Él el único mediador y revelador del Padre. Es un don inmenso el que se nos ofrece: conocer a Dios a través de su Hijo amado.
Este pasaje nos invita a reflexionar sobre nuestra propia actitud ante el conocimiento de Dios. ¿Nos acercamos a Él con un corazón humilde y sencillo, o con la soberbia de quien cree entenderlo todo por su propia razón? La primera lectura de Isaías nos advierte sobre la arrogancia de Asiria, que se atribuye a sí misma el poder y la sabiduría, olvidando que es solo un instrumento en manos de Dios. ¡Ay de aquel que se cree el hacha y no reconoce al leñador! El Señor nos llama hoy a despojarnos de toda pretensión intelectual o espiritual que nos impida recibir su Palabra con pureza de corazón. Dios elige a los pequeños, a los que no confían en sus propias fuerzas, para manifestarles sus misterios. ¿Estoy dispuesto a ser uno de esos 'sencillos' a quienes el Padre se complace en revelar su amor y su plan de salvación a través de Jesús? Meditemos sobre la humildad como puerta de acceso a la sabiduría divina.
Señor Jesús, te damos gracias porque eres la revelación del Padre. Te pedimos, con un corazón humilde, que nos hagas dóciles a tu Espíritu para poder comprender y acoger los misterios de tu Reino. Ayúdanos, Padre, a ser de esos sencillos a quienes te complaces en revelar tu verdad. Que no nos ciegue la soberbia del mundo, sino que nuestra vida sea un constante sí a tu voluntad, confiando plenamente en tu amor y en tu sabiduría.
Permanece en silencio, en la presencia amorosa de Dios. Deja que la Palabra 'Has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla' resuene en tu interior. Descansa en la certeza de que Dios te ama y quiere revelarse a ti, si abres tu corazón con humildad. Siente la paz de su presencia.
Hoy me esforzaré por escuchar con mayor atención a las personas más humildes y sencillas de mi entorno, buscando en ellas la sabiduría que Dios a menudo revela a los pequeños. Además, evitaré toda actitud de juicio o superioridad intelectual, cultivando la humildad en mis pensamientos y palabras.
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