Lectio Divina
Martes 21 de julio de 2026
«Todo el que cumple la voluntad de mi Padre, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.»
El Evangelio de hoy, tomado de San Mateo (12, 46-50), nos presenta una escena en la que Jesús está enseñando a la multitud. En ese momento, su madre y sus hermanos se acercan, buscando hablar con él. Alguien le informa a Jesús de su presencia, esperando quizás que él interrumpa su predicación para atenderlos. Sin embargo, la respuesta de Jesús es sorprendente y reveladora. Jesús no desatiende a su familia terrenal, sino que eleva el concepto de parentesco a un plano espiritual. Señalando a sus discípulos, afirma que su verdadera madre y sus hermanos son aquellos que cumplen la voluntad de su Padre celestial. Con esto, el Señor nos invita a comprender que la relación más profunda y transformadora no se basa únicamente en lazos de sangre, sino en la obediencia y la fidelidad a Dios.
Este pasaje nos interpela directamente: ¿quién es para mí la familia de Jesús? ¿Me siento parte de ella? El Señor nos muestra que la verdadera pertenencia a su familia se funda en el deseo sincero y la acción concreta de vivir según la voluntad del Padre. No es un privilegio de unos pocos, sino una invitación abierta a todos los que escuchan su Palabra y la ponen en práctica. La primera lectura, de Miqueas (7, 14-15. 18-20), nos recuerda la misericordia de Dios, que pastorea a su pueblo y se complace en perdonar nuestras iniquidades. Esta misericordia nos capacita para buscar y cumplir su voluntad. Reflexionemos sobre nuestra propia vida. ¿Estoy buscando activamente conocer la voluntad de Dios en mi día a día? ¿Mis decisiones y mis acciones reflejan un deseo de agradarle? Ser parte de la familia de Jesús implica una conversión constante, una disposición a escuchar su voz en la Escritura, en la oración y en los acontecimientos de la vida, y luego actuar en consecuencia. Es un llamado a una relación íntima y transformadora con el Padre, a través de Cristo, en el Espíritu.
Señor Jesús, te doy gracias por revelarnos el verdadero sentido de la familia. Ayúdanos a comprender que el mayor parentesco contigo se forja en la obediencia a la voluntad del Padre. Concédenos la gracia de escuchar tu Palabra y de ponerla por obra cada día. Que tu Espíritu nos guíe para discernir lo que agrada a Dios y nos dé la fortaleza para vivirlo, para así ser verdaderamente tu hermano, tu hermana y tu madre. Que tu misericordia, que nos libera de nuestros delitos, nos impulse a una vida de fidelidad.
Permanece en silencio, en la presencia de Dios. Deja que la Palabra resuene en tu corazón: 'Todo el que cumple la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre'. Descansa en la certeza de ser amado y llamado a esta profunda unión con Cristo.
Hoy, buscaré en una situación concreta de mi día la voluntad de Dios y me esforzaré por cumplirla con alegría, recordando que así me uno más íntimamente a la familia de Jesús.
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