Lectio Divina
Jueves 30 de julio de 2026
«El Reino de los cielos se parece también a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces.»
Nos encontramos hoy, hermanos, con la última de las parábolas del Reino que Jesús comparte en el capítulo 13 de San Mateo. Después de hablarnos del sembrador, la cizaña, el grano de mostaza y la levadura, nos presenta ahora la parábola de la red (Mateo 13, 47-50). Esta parábola, similar a la de la cizaña, nos habla del juicio final, donde habrá una separación entre los buenos y los malos. La red, echada al mar, recoge todo tipo de peces, simbolizando la Iglesia, que acoge a todos los hombres, justos y pecadores, hasta el fin de los tiempos. Es un tiempo de paciencia y de oportunidad para la conversión. El pasaje concluye con la pregunta de Jesús a sus discípulos: "¿Han entendido todo esto?" (Mateo 13, 51), y su respuesta afirmativa. Luego, Jesús les da una última enseñanza, comparando al escriba instruido en las cosas del Reino con un padre de familia que saca de su tesoro cosas nuevas y antiguas (Mateo 13, 52). Esto nos muestra la riqueza de la sabiduría del Reino, que no desprecia lo antiguo, sino que lo integra con lo nuevo, revelando la plenitud de la verdad de Dios.
Queridos hermanos, la parábola de la red nos invita a reflexionar sobre nuestra propia vida y nuestra pertenencia al Reino. Todos hemos sido recogidos por esa red de la misericordia de Dios. ¿Nos estamos esforzando por ser esos 'peces buenos' que serán guardados, o nos dejamos llevar por corrientes que nos alejan del Señor? La paciencia de Dios es grande, nos da tiempo para la conversión, para enderezar nuestro camino. No es un Dios que condena de inmediato, sino que espera con amor, como el alfarero que vuelve a modelar la vasija estropeada (Jeremías 18, 1-6). También se nos llama a ser como ese padre de familia, ese escriba instruido que saca de su tesoro cosas nuevas y antiguas. Esto significa que debemos vivir nuestra fe con sabiduría, valorando la tradición de la Iglesia, sus enseñanzas, sus sacramentos, y al mismo tiempo, estar abiertos a la novedad del Espíritu Santo, a las nuevas formas de evangelización, a las nuevas necesidades de nuestros hermanos. Es un llamado a la fidelidad y a la creatividad en el amor.
Señor Jesús, te damos gracias por tu Palabra que ilumina nuestro camino. Reconocemos que somos frágiles, como el barro en manos del alfarero, y que a menudo nos desviamos de tu voluntad. Te pedimos perdón por nuestras faltas y te suplicamos que, con tu gracia, nos ayudes a ser esos peces buenos que perseveran en tu amor. Abre nuestro entendimiento para comprender la riqueza de tu Reino, para que sepamos atesorar tanto lo antiguo como lo nuevo que nos ofreces. Haznos instrumentos de tu misericordia y de tu sabiduría en el mundo.
Permanece en silencio ante el Señor. Deja que la imagen de la red, de los peces, del alfarero y del tesoro se grabe en tu corazón. Siente la paciencia de Dios que te ama y te espera. Descansa en su presencia amorosa, acogiendo su gracia para transformar tu vida.
Hoy me comprometo a revisar una actitud o un hábito en mi vida que sé que me aleja de Dios, y pediré su ayuda para cambiarlo, confiando en su misericordia que siempre me da una nueva oportunidad.
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