Lectio Divina

La fe que mueve montañas

Miércoles 5 de agosto de 2026

«Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas.»

Miércoles de la XVIII semana del Tiempo ordinario · Mateo 15, 21-28

Lectio (lectura)

Nos encontramos hoy con Jesús en la comarca de Tiro y Sidón, un territorio no judío. Allí se le acerca una mujer cananea, una extranjera, que clama por su hija atormentada por un demonio. Su grito es de desesperación y de fe, reconociendo a Jesús como 'Señor, hijo de David' (Mateo 15, 22). Inicialmente, Jesús guarda silencio, una actitud que puede sorprendernos. Los discípulos interceden, pero Jesús les recuerda su misión prioritaria a 'las ovejas descarriadas de la casa de Israel' (Mateo 15, 24). La mujer, lejos de desanimarse, se postra ante Él y suplica: '¡Señor, ayúdame!' (Mateo 15, 25). La respuesta de Jesús, aunque parezca dura, 'No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos' (Mateo 15, 26), es una prueba a su fe. Ella, con admirable humildad y perspicacia, acepta la comparación y la transforma en una súplica aún más profunda: 'Es cierto, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos' (Mateo 15, 27). Ante esta fe inquebrantable, Jesús proclama: 'Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas' (Mateo 15, 28), y su hija es sanada al instante. Este pasaje nos revela el poder de una fe humilde y perseverante que trasciende barreras.

Meditatio (meditación)

Este encuentro nos invita a reflexionar sobre nuestra propia fe. ¿Con qué persistencia buscamos al Señor en nuestras dificultades? A veces, como los discípulos, podemos sentir que nuestras oraciones no son escuchadas de inmediato, o que la respuesta de Dios parece tardar. Sin embargo, la mujer cananea nos enseña que la fe verdadera no se rinde ante el silencio o las aparentes dificultades. Ella no se detiene en los obstáculos, sino que insiste con humildad y confianza. La actitud de la mujer cananea nos interpela. ¿Estamos dispuestos a reconocer nuestra necesidad y a clamar al Señor con la misma insistencia, incluso cuando las circunstancias parecen adversas? Su respuesta, 'también los perritos se comen las migajas', nos muestra una fe que no exige derechos, sino que confía en la infinita misericordia de Dios, sabiendo que hasta las migajas de su gracia son suficientes. Es una fe que se abre a la abundancia de su amor, como nos recuerda la primera lectura: 'Yo te amo con amor eterno, por eso siempre me apiado de ti' (Jeremías 31, 3).

Oratio (oración)

Señor Jesús, te damos gracias por tu Palabra que hoy nos ilumina. Te pedimos que aumentes nuestra fe, que nos concedas la perseverancia de la mujer cananea para no desanimarnos ante el silencio o las pruebas. Ayúdanos a reconocer tu presencia y tu poder en cada momento de nuestra vida, y a confiar plenamente en tu amor y tu misericordia. Que nuestra oración sea siempre un acto de abandono confiado en Ti, sabiendo que eres nuestro Dios que nos ama con amor eterno.

Contemplatio (contemplación)

Permanece en silencio, en la presencia del Señor. Deja que la imagen de la mujer cananea, con su fe inquebrantable, impregne tu corazón. Escucha la voz de Jesús que te dice: '¡qué grande es tu fe!' Descansa en la certeza de su amor y su poder.

Actio (compromiso)

Hoy, en alguna situación de dificultad o preocupación, no me desanimaré. Recordaré la fe de la mujer cananea y clamaré al Señor con insistencia, confianza y humildad, esperando en su misericordia.

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