Lectio Divina
Miércoles 12 de agosto de 2026
«Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos.»
Hermanos, el Evangelio de hoy nos presenta una enseñanza fundamental de Jesús sobre cómo vivir la caridad en la comunidad, especialmente cuando un hermano ha errado. Jesús nos invita a un proceso gradual y lleno de misericordia para la corrección fraterna. Nos dice: "Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano" (Mateo 18, 15). Este primer paso subraya la importancia de la discreción y el amor personal, buscando restaurar al hermano sin exponerlo públicamente. El Señor, con su sabiduría, prevé que no siempre seremos escuchados, y por ello ofrece pasos adicionales: "Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad" (Mateo 18, 16-17). Este camino busca siempre la reconciliación y la salvación del hermano, culminando en la oración comunitaria y la autoridad de la Iglesia. El pasaje concluye con una promesa consoladora: "Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos" (Mateo 18, 20), recordándonos la presencia viva de Cristo en nuestra comunión.
Queridos hermanos, este pasaje nos interpela directamente sobre cómo vivimos la caridad en nuestras relaciones. ¿Soy capaz de acercarme a mi hermano con amor y humildad cuando veo que se equivoca, buscando su bien y no mi propia satisfacción? A menudo, preferimos callar por temor o, peor aún, criticar a espaldas. Jesús nos invita a la valentía de la caridad, a un diálogo sincero y constructivo que busca siempre la redención. Pensemos también en la promesa de Jesús: "Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos". Esto no solo se aplica a la oración, sino a toda acción que realizamos en su nombre, incluida la difícil tarea de la corrección fraterna. Si nos unimos en oración y en el amor de Cristo para ayudar a un hermano, Él está presente, guiando y fortaleciendo nuestra acción. Es una llamada a confiar en la fuerza de la comunidad y en la presencia del Señor en nuestros esfuerzos por la unidad y la santidad.
Señor Jesús, te damos gracias por tu Palabra que nos ilumina y nos guía. Te pedimos la gracia de la caridad y la fortaleza para vivir la corrección fraterna con amor y prudencia, buscando siempre la salvación de nuestros hermanos. Ayúdanos a ser instrumentos de tu misericordia y a construir comunidades donde tu presencia sea palpable. Que sepamos acudir a Ti en cada dificultad y que nuestra oración unida sea siempre escuchada por el Padre celestial. Amén.
Permanece en silencio, en la presencia de Dios. Deja que la Palabra resuene en tu corazón: "Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos". Siente la presencia del Señor en tu interior y en tu comunidad. Descansa en su amor.
Hoy, si surge la oportunidad, intentaré acercarme a alguien con quien tengo una dificultad o a quien veo en un error, con la intención de dialogar con caridad y humildad, buscando el bien de la persona y la reconciliación, confiando en la presencia de Jesús en ese encuentro.
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