Lectio Divina

La indisolubilidad del amor conyugal

Viernes 14 de agosto de 2026

«Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.»

Viernes de la XIX semana del Tiempo ordinario · san Mateo (19, 3-12)

Lectio (lectura)

Nos encontramos hoy, queridos hermanos, con un pasaje del Evangelio de San Mateo (19, 3-12) donde Jesús es interpelado por los fariseos sobre el divorcio. Estos maestros de la Ley buscaban ponerle una trampa, cuestionando su autoridad y su enseñanza. Jesús, sin embargo, los remite a los orígenes, a la creación misma, recordando el designio de Dios para el matrimonio: "¿No han leído que el Creador, desde un principio los hizo hombre y mujer, y dijo: 'Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, para unirse a su mujer, y serán los dos una sola cosa?' De modo que ya no son dos, sino una sola cosa. Así pues, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre" (Mateo 19, 4-6). Los fariseos insisten, invocando la ley de Moisés sobre el acta de divorcio. Jesús les explica que esa concesión se dio "por la dureza de su corazón", pero que "al principio no fue así". El Señor reafirma la indisolubilidad del vínculo matrimonial y eleva su dignidad, mostrando que el adulterio es una transgresión grave contra este sacramento. Incluso los discípulos, ante la radicalidad de su enseñanza, expresan su asombro, a lo que Jesús responde con una invitación a la comprensión profunda de este misterio, mencionando la vocación a la virginidad por el Reino de los cielos como un don especial.

Meditatio (meditación)

Este pasaje nos invita a reflexionar sobre la grandeza y la santidad del matrimonio tal como Dios lo instituyó. No es una mera unión humana, sino un signo de la alianza de amor entre Cristo y su Iglesia. Hoy, en un mundo donde la fragilidad de los lazos parece ser una constante, la Palabra de Jesús nos interpela a redescubrir la belleza y el valor de la fidelidad, de la entrega total y del amor indisoluble. El Señor nos recuerda que el matrimonio es una vocación a la unidad, a ser "una sola cosa". Esto implica un camino de donación mutua, de perdón y de perseverancia, sostenido por la gracia de Dios. Para aquellos que han sido llamados a la vida matrimonial, es una invitación a vivir con mayor conciencia este compromiso sagrado. Para todos, es un llamado a orar por la santidad de las familias y a comprender que el amor verdadero, el amor que Dios nos ofrece y nos pide, es siempre fiel y generoso. La primera lectura, al recordarnos la fidelidad de Dios a su alianza con Jerusalén a pesar de su infidelidad, nos muestra el corazón misericordioso de Dios que siempre busca restaurar y perdonar, un modelo para nuestras propias relaciones.

Oratio (oración)

Señor Jesús, te damos gracias por tu Palabra que ilumina nuestras vidas. Te pedimos por todos los matrimonios, para que, sostenidos por tu gracia, vivan la fidelidad y el amor que Tú has querido desde el principio. Ayúdanos a comprender la grandeza de este sacramento y a ser testigos de tu amor en nuestras familias y en el mundo. Que tu Espíritu Santo fortalezca los lazos de unidad y nos dé la sabiduría para acoger tu enseñanza sobre el amor y la entrega.

Contemplatio (contemplación)

Permanece en silencio, en la presencia de Dios. Deja que la Palabra resuene en tu corazón: "Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre". Descansa en la verdad de su amor fiel y en el poder de su gracia que nos sostiene.

Actio (compromiso)

Hoy, me comprometo a rezar especialmente por un matrimonio que conozca, pidiendo a Dios que fortalezca su unión y les conceda la gracia de la fidelidad y el amor mutuo.

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