Lectio Divina
Miércoles 2 de diciembre de 2026
«Me da lástima esta gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer.»
El pasaje de Mateo 15, 29-37 se sitúa en un contexto de intensa actividad de Jesús en Galilea, específicamente en la región de la Decápolis, un área predominantemente gentil. Jesús se retira a un monte, lugar de revelación y enseñanza, donde una gran multitud, llevando consigo a los enfermos y marginados, acude a Él. La curación de 'tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros enfermos' (Mateo 15, 30) es una manifestación clara del poder divino de Jesús y el cumplimiento de las profecías mesiánicas sobre la restauración de Israel, como las que encontramos en Isaías 35, 5-6. La reacción de la gente, 'glorificaron al Dios de Israel' (Mateo 15, 31), subraya el reconocimiento de la acción de Dios a través de Jesús.
La compasión de Jesús hacia la multitud es el centro de este relato. No es solo un milagro de curación física, sino también una profunda preocupación por las necesidades básicas de las personas. La frase 'Me da lástima esta gente' (Mateo 15, 32) revela el corazón misericordioso de Cristo, que no solo sana el cuerpo, sino que también se preocupa por el sustento de quienes le siguen. Esta compasión activa nos interpela hoy: ¿somos sensibles a las necesidades de quienes nos rodean, especialmente a los más vulnerables? El milagro de la multiplicación de los panes y los peces, que ya había ocurrido en otra ocasión (Mateo 14, 13-21), muestra la providencia divina y la capacidad de Dios para transformar lo poco que tenemos en abundancia. Como nos recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica, la Eucaristía es el sacramento de esta multiplicación, donde el Señor se nos da como alimento para el camino (cf. CIC 1355).
Señor, Dios de compasión infinita, te contemplamos en este pasaje, conmovido por la necesidad de tu pueblo. Tú, que no solo curas las dolencias del cuerpo, sino que también te preocupas por el hambre que nos debilita en el camino. Abre nuestros ojos, Señor, para ver la miseria de nuestros hermanos y hermanas, y enciende en nosotros la misma compasión que te movió. Enséñanos a poner a tus pies lo poco que tenemos, confiando en que Tú lo multiplicarás para saciar a muchos. Que nuestra fe, como aquellos discípulos, no se detenga ante la escasez, sino que se abra a tu poder que todo lo puede. Que tu mano generosa nos alimente y nos fortalezca, para que no desfallezcamos en el camino de la vida.
Descansa en el silencio, sintiendo la mirada compasiva de Jesús sobre ti, sobre tus necesidades y las de la humanidad. Permite que su preocupación por el hambre y la enfermedad resuene en tu corazón. 'Dios no se cansa de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón', nos recuerda el Papa Francisco. De igual modo, Dios no se cansa de proveer, somos nosotros los que a veces nos cansamos de confiar.
Hoy me esforzaré por identificar una necesidad concreta en mi entorno (familiar, laboral, social) y, con la ayuda de Dios, intentaré responder a ella con un gesto de generosidad, por pequeño que sea, confiando en que el Señor lo multiplicará.
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